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Los birmanos celebran la liberación de Aung San Suu Kyi

Vestida con una túnica violeta, sonriendo, saludando a la multitud, la disidente se ha asomado por encima de la verja roja que rodea su casa. Los que estaban en las primeras filas han tendido sus manos, se han agarrado a la verja y le han ofrecido flores.
Aung San Suu Kyi parece tener buena salud. La disidente ha afirmado ante la multitud que tienen que trabajar juntos.

Los generales birmanos han tenido a Suu Kyi, de 65 años, confinada en su casa familiar de Rangún, sin teléfono ni Internet, aislada del mundo, para evitar que su popularidad derrocase el régimen militar.
Esta liberación, no está sujeta a condición alguna, y la líder de oposición gozará de completa libertad de movimiento, así como de ejercer su derecho a reintegrarse en la vida política del país.
Esta decisión satisface las exigencias de numerosos líderes internacionales, entre ellos el secretario general de Naciones Unidas Ban Ki Moon, o el presidente francés, Nicolás Sarkozy, para que la activista pueda desenvolverse sin restricciones y no se produzcan nuevos atentados contra sus derechos.