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La violencia contra instalaciones médicas en Afganistán complica la atención a los niños, según un informe

Las instalaciones y el personal médico en Afganistán han sufrido en los últimos dos años más de dos centenares de ataques, lo que ha derivado en "más muertos, más heridos y más contagios" entre la población infantil, según un informe de la organización Watchlist on Children and Armed Conflict.
El documento, centrado en 2015 y 2016, recoge más de 240 ataques o saqueos, atribuidos en su mayoría a los talibán y otros grupos contrarios al Gobierno. Sin embargo, por primera vez, la ONG señala también a las Fuerzas Armadas afganas, en concreto en "al menos 35 ataques".
La organización ha advertido de que el bloqueo de la atención sanitaria y el uso de instalaciones médicas con fines militares supone una violación del Derecho Internacional Humanitario. Asimismo, tiene efectos en el día a día de una población marcada por las necesidades durante años.
La investigadora Christine Monaghan ha lamentado que la violencia "ha diezmado el frágil sistema sanitario de Afganistán, impidiendo que muchos civiles accedan a una atención vital". "Los niños sufren como resultado (de estos ataques) y estamos viendo más muertos, más heridos y más contagios de enfermedades", ha añadido.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que 4,6 millones de personas precisan de una mejor atención médica en Afganistán, entre ellas 2,3 millones de niños. Más de un millón de menores padecen malnutrición aguda, un 40 por ciento más que a principios de 2015.
La misión de la ONU en Afganistán (UNAMA) también ha detectado un aumento en el número de víctimas infantiles como consecuencia del conflicto; en concreto una subida del 24 por ciento entre 2015 y 2016.
UNA INFECCIÓN FATAL
Un padre ha contado a la ONG cómo se vio abocado a viajar cientos de kilómetros hasta Kabul con su hijo, que perdió ambos pies al pisar una mina. No pudo recibir la atención que precisaba en la ciudad de Kunduz porque el único centro especializado en traumatología había sido bombardeado.
Le tuvieron que amputar las dos piernas justo por debajo de la cintura, porque tenía los huesos destrozados y una infección grave, ha explicado el padre. Una semana después, la infección derivó en un coma y, tras diez días, terminó muriendo en el hospital.
La organización ha pedido al secretario general de la ONU, António Guterres, que cuestione las acciones de las Fuerzas Armadas de Afganistán en su próximo informe sobre niños y conflictos armados, al tiempo que ha instado al Gobierno afgano a establecer un órgano independiente para investigar los casos detectados.