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La sombra de la corrupción toca a Lula

La conmoción en Brasil se transformó ayer en violencia. Enfrentamientos entre los partidarios y detractores del ex presidente brasileño, Lula da Silva. El exsindicalista que alcanzó el poder para luchar por lo pobres convirtiéndose en símbolo de la izquierda. Estos disturbios que se pueden repetir hoy porque la oposición ha organizado más protestas y el partido de Lula, el partido de los trabajadores, también ha convocado más  manifestaciones.

La chispa de esta violencia se prendió ayer muy pronto, a las 6 de la mañana. La policía acudió al domicilio del expresidente Lula, todo un símbolo de la izquierda y le llevó a declarar, obligado, por un caso de corrupción, el caso Petrobrás. El fiscal considera que hay indicios de que el exmandatario recibió más de 7 millones de euros de varias constructoras, a cambio de contratos con la mayor empresa pública de América Latina: la petrolera Petrobras.

Contratos, supuestamente, adjudicados a dedo y con precios inflados. Después de 3 horas de declaración, Lula acudió a la sede de su partido, indignado. "Lo que ha ocurrido hoy me ha ofendido, no era necesario, me he sentido como un prisionero. Si querían matar a la serpiente lo que han hecho es cortarle la cola no la cabeza, la serpiente sigue vivita y coleando, como siempre".

La presidenta, Dilma Roussef, también dice que lo ocurrido es un show mediático para intentar acabar con su gobierno. Bastaba con que le citaran a declarar como en otras ocasiones, aseguraba la presidenta en rueda de prensa. Acosada por la crisis económica en las calles y por la oposición en el parlamento, Dilma aprovechaba esta comparecencia para alejarse de la corrupción, una sombra que también le afecta a ella porque Dilma era la ministra de energía en el gobierno de Lula, cuando supuestamente se llevaron a cabo los sobornos y las adjudicaciones a dedo con la petrolera estatal.