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Las organizaciones humanitarias necesitan 9,6 millones de euros para hacer frente a la crisis en Sirte

Las operaciones militares contra el grupo terrorista Estado Islámico en la ciudad libia de Sirte han provocado nuevas olas de desplazamientos, según ha denunciado la Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU (OCHA), que ha alertado de que son necesarios 10,7 millones de dólares (9,6 millones de euros) para hacer frente a la crisis humanitaria.
Los desplazamientos desde Sirte han aumentado de forma significativa durante el último año, después de que miles de familias abandonaran sus casas debido a las duras condiciones de vida establecidas bajo el control de Estado Islámico en la ciudad. Según la OCHA, los residentes de la región han sufrido todo tipo de violaciones de los Derechos Humanos.
Las fuerzas del Gobierno de Unidad Nacional de Libia pusieron en marcha en mayo una serie de operaciones para recuperar Sirte. Desde entonces, el Gobierno se ha hecho con gran parte del control de la zona. Según los últimos informes, Estado Islámico ha sido desplazado hasta el centro de la ciudad.
El número de desplazados, que se han trasladado a ciudades como Trípoli, Misrata, Tarhuna y Bani Walid, ha aumentado hasta las 90.500 personas. Mientras las operaciones avanzan, la OCHA ha indicado que muchas familias han comenzado a regresar a Sirte. Según los últimos datos del Comité de Crisis de Sirte (SCC), la zona cuenta con una población de unas 48.300 personas.
Varias organizaciones humanitarias consideran que antes de que termine el año, unas 79.400 personas residirán en Sirte a pesar de que gran parte de la ciudad se encuentre inaccesible como consecuencia de la violencia. Las familias que regresan a la zona se enfrentan a unas condiciones de vida extremadamente difíciles, según la OCHA.
Los residentes, especialmente aquellos que permanecieron en la ciudad durante la ocupación, necesitan la protección física y psicológica, así como servicios y alimentos básicos. Los restos de explosivos de guerra y los artefactos improvisados suponen una de las principales preocupaciones de las organizaciones humanitarias.