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Matanza en Siria con armas químicas

Respira con dificultad pero sus ojos muy vivos se mueven deprisa, a su alrededor más niños, muchos más que han padecido lo que parece ser un ataque químico. A eso de las 6 y media de la mañana empezaron las explosiones sobre un pueblo en la provincia de Idlib, uno de los últimos bastiones rebeldes que le siguen haciendo la guerra a Bachar Al Assad. Todas las sospechas de este desastre recaen sobre el régimen del dictador sirio, que lo niega. Hasta cien personas han muerto en el brutal bombardeo, 20 de ellos niños.

Los síntomas de los supervivientes, de lo que podría ser gas sarín, son claros: asfixia, vómitos y dificultades para respirar, lo explica un médico que se desmorona en medio del diagnóstico.

Los rescatadores, los cascos blancos, también han sufrido el efecto de las bombas químicas. Acorralados por un veneno, que según la Unión Europea y Estados Unidos ha lanzado Assad sobre los sirios, que tras seis años sigue padeciendo bajo el mismo clima tóxico de la guerra.