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Las lecciones no aprendidas de la guerra de Bosnia

Otra vez el horror de la guerra en suelo europeo, 20 años después. Dos décadas que no han servido de aprendizaje. La guerra de Bosnia y el conflicto de Ucrania son diferentes, pero también tienen similitudes, entre otras, la masacre de la población civil, y la falta de reacción de los organismos internacionales. En 1994, dos años después del estallido del conflicto, la OTAN decide tomar cartas en el asunto en la Guerra de Bosnia. Es ese mismo año, en el 94, cuando Rusia garantiza a Ucrania respetar su territorio a cambio de que Kiev renuncie a sus armas nucleares. Fronteras que ahora, 20 años después no respeta. Putin no está dispuesto a perder áerea de influencia,  y así ocurrió con la caída de  Víctor Yanukóvich (el presidente ucraniano prorruso) tras las protestas del maidán, en 2014. Los proeuropeos se imponen en Ucrania y el este prorruso empieza a exigir su independencia, alentado por Moscú. La estratégica península de Crimea pasa a formar parte de la federación de Putin, tras un referéndum. Una consulta que celebran también las regiones de  Donetsk y Lugansk, pero esta vez Ucrania se planta. Es la guerra. Los soldados ucranianos se enfrentan a los rebeldes prorrusos apoyados por Moscú.  En el conflicto han muerto ya más de 5.000 personas. En septiembre las partes firman un alto el fuego en Minsk. Hoy, 5 meses después, los combates continúan. Los prorrusos no están dispuestos a prescindir de lugares estratégicos como el puerto de Mariúpol  o el aeropuerto de Kramatorsk. Y en medio, una vez más, la población civil.