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La investigación birmana no encuentra indicios de limpieza étnica contra los rohingya

Birmania ha terminado ocho meses de investigación sobre la presunta limpieza étnica que el Ejército del país estaría perpetrando contra la población rohingya, como sospecha Naciones Unidas, sin encontrar indicios de crimen alguno contra la minoría, según las conclusiones presentadas este domingo por el director de la comisión investigadora y vicepresidente birmano, Myint Swe, quien ha acusado a su vez a la ONU de realizar falsas acusaciones y de pervertir la imagen de su país ante la comunidad internacional.
"No hay posibilidad alguna de que se hayan cometido crímenes contra la Humanidad ni pruebas de una limpieza étnica. Hay gente, extranjeros, que se han inventado noticias sobre la posibilidad de que haya ocurrido un genocidio pero no hemos encontrado pruebas de ello", ha declarado el vicepresidente en una breve comparecencia ante los medios en Rangún, al término de la cual no ha admitido preguntas.
Buena parte de la comparecencia ha ido dedicada a criticar el informe presentado el pasado mes de febrero por el Alto Comisionado de Naciones Unidas sobre los Derechos Humanos, que describía un retablo de atrocidades --desde torturas a ejecuciones extrajudiciales, pasando por violaciones, desplazamientos forzados y desapariciones-- cometidas por las fuerzas de seguridad birmanas en un intento de purgar a esta minoría, considerada ilegal en su propio país y concentrada principalmente en el estado de Rajine, de donde han huido más de 75.000 rohingyas desde octubre del año pasado.
Es más, el vicepresidente ha acusado a la ONU de ignorar los "actos violentos" cometidos a su vez por milicianos rohingya contra la población y contra las Fuerzas Armadas, y ha llegado incluso a acusar a las mujeres rohingya que denunciaron ante Naciones Unidas haber sido víctimas de violaciones en grupo de haber "recibido dinero a cambio de inventarse estas historias", según sus conclusiones recogidas por Channel News Asia.
La comisión también ha decidido ignorar al menos una veintena de testimonios que denuncian asesinatos, violaciones y torturas a manos de las fuerzas de seguridad al haber sido incapaces de verificar su validez. En su lugar, han remitido estas acusaciones a las autoridades judiciales birmanas. "Hemos abierto las puertas para que se quejen ante los tribunales si creen tener pruebas de que sus derechos han sido objeto de abusos, pero hasta ahora nadie ha presentado su caso", ha declarado el secretario de la comisión, Zaw Myint Pe.
Sobre el informe de la ONU, la comisión birmana ha criticado que se trata de un documento "unilateral" que ha acabado "creando más problemas de los que ha solucionado", al centrarse en "un único aspecto de la narrativa de los Rohingya, en lugar de en el cuadro entero". "Y la comunidad internacional", ha apuntado la comisión, "ha sido demasiado rápida a la hora de decidirse por un bando".
La ONG pro Derechos Humanos Fortify Rights, especializada en el sur de Asia, ha condenado los resultados de esta comisión, a la que ha descrito como "incapacitada" para asumir una tarea de tal envergadura, y cuya incompetencia demuestra "por qué Naciones Unidas ha pedido una investigación independiente".
"Que esta comisión diga encima que nunca ocurrieron violaciones (en Rajine) ya es el colmo de la absurdez", han hecho saber desde la ONG a Channel News Asia, antes de advertir al panel y a los rescoldos de la antigua junta militar que lo conforman -- el propio vicepresidente es el ex jefe de los temidos servicios de Inteligencia Militar -- que "si creen que el mundo va a dar la espalda a lo que está sucediendo solo porque ellos lo nieguen, están tristemente equivocados".