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El temor y la incredulidad se apodera de los parisinos, que huyen de las calles en lancha

Es la estrella mediática de los últimos días, el soldado de piedra del Puente del Alma; la forma casera de los parisinos para medir la crecida del Sena. Ayer le llegaba el agua por las rodillas y se prohibió la navegación. Hoy, alcanza sus caderas, saltan las alarmas y se cierran los museos, con el río avanzando hacia sus puertas. Los turistas se quedan sin poder ver el Louvre. 500 trabajadores retiran a toda prisa 200.000 obras de arte en peligro. El desbordamiento del río inundaría las salas del museo más visitado del mundo. Tampoco está abierto el de Orsay, por el mismo riesgo. Alucinados e impresionados están los parisinos, con un agua que invade las calles y se cuela en los bajos de algunas viviendas. El pico de la crecida a lo largo de la noche podría llegar a los 6 metros y 50 centímetros. Hay colegios y estaciones de metro cerradas, y lo peor de las inundaciones está en la zona sur de París. Aquí, las calles solo son practicables en lancha y los vecinos son evacuados. En total, cinco mil en todo el país.