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La extrema derecha holandesa mantiene el pulso a la Europa multicultural y abierta

Con 100 etnias distintas entre sus 200.000 habitantes, Almere, en Holanda, parece un paraíso multicultural, pero las apariencias engañan. La idea de pérdida de identidad holandesa sembrada por la ultraderecha, aquí, ha echado raíces. Muchos creen que no hay integración porque "el Gobierno consiente todo a esta gente; no les hace integrarse". Holanda tiene una renta per cápita superior a la media europea y sus ciudadanos se muestran más satisfechos con su nivel de vida que la media de los vecinos de la OCDE. Sin embargo, el discurso populista de Geert Wilders funciona. "La gente, aquí, se siente privada de sus derechos. Siente como que han perdido algo. Tienen un poco de miedo. Entonces, Wilders alimenta esos miedos", explica un analista político. En Almere, Wilders tiene el mayor número de concejales del Ayuntamiento, ocho, pero el alcalde no es de su partido. Ningún otro grupo ha querido apoyarles, quizás un vaticinio de lo que le puede suceder en las legislativas a nivel nacional. Ninguno de los otros 28 partidos se muestra dispuesto a pactar con el populista.