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Una superviviente del terror de Bruselas cuenta su experiencia desde el hospital

Fany sonríe a pesar de las vendas, a pesar del suero, a pesar del recuerdo de un aeropuerto cubierto de ceniza. Iba a viajar a Estados Unidos como misionera. Pero nada más llegar a la zona de embarque explotó la bomba en el aeropuerto de Bruselas. “No tuve tiempo ni de mirar alrededor”, cuenta. “No hubo un momento para decir una sola palabra y entonces de repente se produjo ese enorme ruido. Sonaba como el fin del mundo. En un segundo me encontré en el suelo rodeada de ceniza. Todo era gris. Yo me encontraba cubierto de algo marrón”, recuerda. A sus veinte años cuenta la experiencia deteniéndose en cada detalle. Sus palabras, certeras y crudas, nos transportan al momento del atentado. “Aquello olía como a cerdo muerto”, señala. En esta imagen la vemos antes del atentado. Ahora sufre quemaduras por toda la cara y en las manos. Dice que se enteró de sus heridas una vez en el hospital, pero aún no se ha mirado al espejo. Todavía no está preparada para ver su reflejo: el de una chica de veinte años que ha vuelto a la vida.