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Putin y Obama se reúnen pero no consiguen acercar posturas sobre Siria

El presidente ruso, Vladimir Putin, y su homólogo estadounidense, Barack Obama, han mantenido este viernes un encuentro de unos 20 minutos en los márgenes de la cumbre del G20 pero no han acercado posturas respecto a Siria, según un asesor del Kremlin.

El presidente ruso no es el único a frenar el intento de Barack Obama por intervenir en el conflicto sirio sin las pruebas de los inspectores de la ONU que confirmarían que el Gobierno de Al Assad usó armas químicas en Damasco.
La mayoría de los países europeos, excepto el primer ministro británico David Cameron, parecen inclinados a posponer el ataque propuesto por Obama hasta no tener las pruebas definitivas de la autoría del régimen de Bashir Al Assad.
El mandatario estadounidense ha tenido que reconocer que los líderes de los países del G20 están divididos sobre un ofensiva militar contra Siria si no recibe primero el beneplácito del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

 
El primer asalto en la cumbre fue para Putin, dado que la Unión Europea y el papa Francisco -en una carta a los líderes del G-20- se alinearon más con él que con Obama sobre la posibilidad y legitimidad de una intervención armada.
 
"Una acción militar tendría un impacto negativo sobre la economía global, especialmente sobre el precio del petróleo; causará un alza en el precio del petróleo", dijo el viceministro de Finanzas de China, Zhu Guangyao.
Los líderes del grupo de economías emergentes, denominado BRICS, expresaron su preocupación durante las conversaciones del G-20 de que un ataque militar contra Siria pueda dañar a la economía mundial, dijo el portavoz de Putin.

El Papa llamó a los líderes a "dejar a un lado la persecución fútil de una solución militar". También invitó a los 1.200 millones de católicos y a personas de otros credos a unirse a él en un día de oración y ayuno el sábado para poner fin a la guerra civil.

Los líderes de la Unión Europea, usualmente fuertes aliados de Estados Unidos, describieron el ataque del 21 de agosto cerca de Damasco que mató a cerca de 1.400 personas como "aborrecible", pero agregaron que "no existe una solución militar para el conflicto sirio".