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El líder rebelde de Sudán del Sur rechaza renunciar a la violencia o declarar un alto el fuego en el país

El exvicepresidente de Sudán del Sur y actual líder rebelde, Riek Machar, ha rechazado renunciar a la violencia o declarar un alto el fuego en el país, reclamando nuevamente un proceso de conversaciones de paz, según ha desvelado este jueves el expresidente de Botsuana y jefe de la Comisión Conjunta de Monitorización y Evaluación, Festus Mogae.
"El mensaje que trasladé a Machar fue que renunciara a la violencia, declarara un alto el fuego unilateral y participara en el diálogo nacional. Lo declinó y pidió un nuevo proceso político regional fuera de Sudán del Sur", ha dicho, en declaraciones ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidsa.
Mogae visitó a Machar en Sudáfrica, donde se encuentra después de huir de la capital de Sudán del Sur, Yuba, en julio de 2016 tras un nuevo estallido de los combates entre los rebeldes y el Ejército. Machar resultó herido y logró llegar a República Democrática del Congo (RDC), desde donde viajó posteriormente a Sudáfrica.
El expresidente de Botsuana ha expresado además su deseo de que la ONU, la Unión Africana (UA) y la Autoridad Intergubernamental sobre el Desarrollo (IGAD) de África Oriental "hablen con una sola voz", afirmando que sus diferencias "permiten a las partes en Sudán del Sur aprovecharse de la situación".
Asimismo, ha destacado que el proceso de diálogo nacional lanzado por el presidente, Salva Kiir, está progresando, al tiempo que ha recordado que Yuba ha pedido a los rebeldes que se unan al proceso.
"El diálogo nacional sólo puede ser inclusivo con su participación, pero su éxito no depende de su participación", ha remachado Mogae.
Sudán del Sur vive sumido en una guerra civil desde diciembre de 2013 que enfrenta a los partidarios de Kiir, de etnia dinka, con las fuerzas leales a Machar, de etnia nuer.
La guerra ha dejado hasta el momento cerca de 50.000 muertos, más de dos millones de desplazados internos y otro millón adicional refugiado en países vecinos como Kenia, Sudán y Uganda, donde la población ha escapado tanto de los combates entre las fuerzas armadas de ambos bandos como de las masacres locales que están perpetrando las etnias dinka y nuer.
Naciones Unidas ha alertado en varias ocasiones de la posibilidad de un genocidio en el país, debido al cariz étnico que parece estar tomando el conflicto.