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La generación Obama

Cientos de jóvenes cubanos sentados a lo largo del MalecónEduardo Córdoba / Enviado especial a Cuba

Faltaban horas para que aterrizara Obama pero parecía una noche más. No había banderas, ni agentes de seguridad en cada esquina (ni siquiera en torno a la embajada de Estados Unidos, también frente al malecón), ni carteles con el rostro del presidente invitado.

Todo tenía una apariencia de normalidad que no se correspondía con la realidad. Se correspondía más bien con el perfil bajo que el gobierno cubano quiere dar a la visita. Yo no te voy a recibir al aeropuerto y tú te puedes reunir con disidentes. Tú rebajas el entusiasmo pero no mencionaré los derechos humanos en mi discurso. Una estudiada partida de ajedrez con la que Estados Unidos se abre a un mercado de once millones de consumidores y Cuba recibe aliento económico para seguir tirando ahora que Venezuela está en horas bajas.
El caso es que esos jóvenes que pasaban el sábado noche en el Malecón (tampoco parece que tengan muchas más opciones) están más interesados en la visita de lo que su gobierno quiere hacer ver. Serán quienes reciban los frutos de este viaje, sean los que sean. Porque lo que nos cuentan en la calle es que por más languidez que se perciba alrededor, todos los cubanos están pendientes de Obama. Pero sobre todo, ninguno va a perder ripio del discurso que dará el martes en el Gran Teatro de La Habana. La Casa Blanca ya ha dicho que no pasará por alto el espinoso tema de los derechos humanos en la isla. Es el precio que tiene que pagar el castrismo por este viaje. Un soplo de incómoda realidad que tendrá que encajar el régimen y que la nueva generación de cubanos, la que se apiña en los escasos puntos wifi para conectarse al mundo, seguramente agradecerá. Porque alguien dirá, y se escuchará en todo el mundo, lo que muchos piensan pero nadie aquí se atreve a decir.