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Busco casa en La Habana

Buscando piso en La Habanacuatro.com

El colorido salón de la imagen corresponde al de la casa de La Habana en la que estamos instalados el equipo de Mediaset desplazado a Cuba para cubrir la visita de Barack Obama. Dos días después de anunciarse el viaje no quedaba una sola plaza hotelera en la isla y hemos acabado en esta casa del barrio residencial de Miramar que no desentonaría en una película de Almodóvar.


La capital cubana está tan saturada que el viaje presidencial ha obligado a desplazar a unos 10.000 turistas a Varadero, según la prensa local.
La visita de San Obama, como le llaman algunos cubanos, ha desbordado completamente al sector hotelero, pero es una tendencia que viene apuntándose desde hace tiempo. La escasez de plazas es tal que el gobierno anima a los cubanos a acoger en sus casas a turistas como una forma de ganarse la vida. Y eso que esa práctica, muy extendida desde hace años, estuvo terminantemente prohibida.
Según fuentes españolas del sector que trabajan en la isla, Cuba no está preparada para acoger el aluvión de turistas que se le viene encima. El gobierno ha proyectado construir 45000 nuevas plazas en los próximos diez años, pero ni aún así serán capaces de absorber a un nuevo mercado, el estadounidense, que ya está empezando a entrar en tromba. Oficialmente lo tienen prohibido debido al embargo pero la picaresca anglosajona, que por lo visto también existe, les ha permitido venir a tomarse un mojito sorteando las restricciones que impone el bloqueo. Desde que empezó el deshielo, hace año y medio, el número de turistas llegados de Estados Unidos no ha dejado de crecer. Subidos a los coches de los años cincuenta que  dan ese toque entre retro, decadente y cool a La Habana, recorren sus calles con gorras y gafas de sol sin importarles una higa la política de su país hacia la isla. A partir de diciembre serán legión. Es entonces cuando quedarán definitivamente autorizados los vuelos comerciales entre Cuba y su país. Se calcula que serán unos 110 vuelos diarios. Suerte que AirbnB ya está permitido aquí, porque si por hoteles fuera la avalancha de turistas que se avecina no traspasaría el umbral que separa el aeropuerto José Martí de la puerta de La Floridita.