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Una ONG boliviana "siembra agua" para combatir los efectos de cambio climático

El cambio climático es una cuestión de "vida o muerte" para los agricultores, según un responsable de PROAGRO
Los agricultores del departamento de Chuquisaca, en el sur de Bolivia, conocen bien los efectos del cambio climático tras constatar en los últimos años que las lluvias no son las que solían ser. Para ellos estos cambios son cuestión de "vida o muerte", de ahí el que desde la organización PROAGRO se hayan propuesto un remedio: "sembrar y cosechar agua".
"El cambio climático lo está modificando todo", se lamenta Félix Almendras, gerente de proyectos de PROAGRO, una organización que trabaja desde hace años con Manos Unidas. "El cambio climático significa vida o muerte para las familias que basan su vida en la agricultura. Es quedarte en un lugar en el que no sabes cuándo va a llover o cuándo va a terminar de llover", subraya.
Según explica a Manos Unidas, antiguamente la temporada de lluvias se prolongaba durante cinco meses e iba de noviembre a marzo. Ahora, "desde los últimos 20 años, llueve solo tres meses", aclara, incidiendo en el impacto que ello tiene para los agricultores de la región.
En Chuquisaca, la base de la alimentación son tres o cuatro cultivos, principalmente maíz, papa y trigo. Se trata de "cultivos tradicionales cuyo ciclo agrícola está entre cuatro y cinco meses", indica Almendras. Sin embargo, si las lluvias no empiezan en noviembre o en diciembre, las familias no pueden sembrar a tiempo con lo que, si al final lo hacen aunque sea tarde, con suerte conseguirán cosechas menos abundantes.
Así pues, el cambio climático "no es sólo que haya subido la temperatura 'x' grados en 'x' zonas y eso esté provocando alguna situación de descompensación o descontrol", resalta el responsable de PROAGRO, subrayando que los campesinos se sienten "desorientados" porque "el cambio climático ha roto su esquema de vida rural".
SIEMBRA Y COSECHA DE AGUA
Frente a ello, desde PROAGRO han buscado una solución: "la siembre y cosecha de agua". Por una parte, se protegen las fuentes de agua, es decir, "se siembra agua" y por otro se trabaja para recoger y aprovechar el agua de lluvia, es decir, "se cosecha", aclara Almendras.
La zona en la que trabaja la ONG tiene "algún nivel de inclinación y hemos encontrado en esa desventaja tres formas de cosechar el agua", indica. La primera de ellas consiste en construir represas aprovechando la orografía con el fin de almacenar entre 80.000 y 100.000 metros cúbicos de agua que puedan surtir los terrenos de entre 30 y 50 familias. Normalmente, las represas se construyen en las zonas altas y surten a las familias que viven más abajo.
El segundo modelo usado por PROAGRO son los "tanques ferrocemento". Se trata de reservas de agua que se contruyen en los terrenos de familias dispersas aprovechando los "ojos de agua" que pueda haber. Tras localizar esos puntos donde hay algo de agua, se protege la zona, principalmente con plantas, y se canaliza el agua hasta el tanque, desde donde se surte luego a dos, tres o cuatro familias, explica Almendras.
Por último, también se construyen "kochas, lagunas o atajados", añade, en referencia a los reservorios de agua que suelen tener las familias, con una capacidad de entre 10 y 20 metros cúbicos, y que a diferencia de las represas que se llenan una sola vez al año con las lluvias, se pueden "llenar, regar y volver a llenar". En algunos casos, son las propias familias las que se encargan de aprovechar el agua de lluvia para llenar estas reservas.
Todo el agua 'cosechada' por estas tres vías permite a los campesinos un riego complementario para sus cultivos, además del de las lluvias. Gracias a ello, explica el responsable de PROAGRO, los agricultores pueden llevara a cabo una "segunda siembra, que llaman 'misca'" y que normalmente se realiza entre julio y octubre. "Algunos han llegado a crear un tercer periodo, el 'postrero', que va de marzo a junio y completa el año", precisa.
Con ello, subraya, se mejora la "seguridad alimentaria de la población" que dispone de cosechas más continuadas a las que puede sacar una mayor rentabilidad que aquellos que solo llevan a cabo una única cosecha y que les permite "tomar decisiones propias" sobre lo que consumen y venden.
Desde PROAGRO también se han puesto como objetivo mejorar la educación de los habitantes de Chuquisaca, donde alrededor del 85 por ciento de los niños solo completan la educación primaria. Según Almendras, uno de los principales motivos para que los niños no continúen su educación es la distancia a la que se encuentran los centros educativos, que pueden estar a "hasta 70 kilómetros, por lo que las familias no pueden ir caminando".
Para resolver este problema se ha trabajado en la creación de los llamados "núcleos educativos, una reunión de dos o tres escuelas que ofrecen educación hasta secundaria", señala Almendras, precisando que para que los niños que viven más lejos puedan acudir se han creado las "'yachayhuasi', las casas del saber", que no son otra cosa que un internado.
Gracias a ello, ha aumentado el nivel de escolaridad y "más del 60 por ciento de los niños ya han pasado el nivel del ciclo intermedio y hay un porcentaje que seguirá el bachillerato", explica orgulloso de este "modelo de gestión comunitaria" que está ayudando a los niños de la región.