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Gobierno y ELN se reúnen en Quito para resucitar el diálogo de paz

Las negociaciones llevan ocho meses suspendidas por la polémica en torno a los secuestrados
Las delegaciones del Gobierno y del Ejército de Liberación Nacional (ELN) han comenzado la reunión prevista para este viernes en Quito con el único objetivo de pactar un nuevo cronograma que permita iniciar cuanto antes las negociaciones de paz, largamente pospuestas.
El encuentro ha arrancado alrededor de las 16.00 (hora local) con Juan Camilo Restrepo y Pablo Beltrán como 'primeros espadas' de los equipos negociadores del Gabinete de Juan Manuel Santos y la segunda guerrilla colombiana, respectivamente.
Estaba previsto que el encuentro entre el Gobierno y el ELN tuviera lugar el jueves, pero las delegaciones de paz prefirieron dedicar esta jornada a deliberaciones internas para embarcarse este viernes en las negociaciones bilaterales.
La Casa de Nariño anunció el fin de semana en un escueto comunicado que las partes se habían citado para el 12 de diciembre en la capital ecuatoriana con el único objetivo de "concretar la fecha de instalación de la mesa pública" de negociaciones.
El hecho de que vuelvan a verse las caras supone ya un gran avance, puesto que el inicio del proceso de paz, anunciado el 31 de marzo tras dos años de "contactos exploratorios", se ha postergado una y otra vez desde el pasado mayo, cuando estaba previsto en un primer momento.
La principal razón de esta parálisis ha sido la negativa del grupo armado a liberar a los rehenes que todavía tiene en su poder, algo que el Gobierno ha exigido como requisito indispensable para instalar la mesa de negociaciones.
La dimensión del problema quedó patente con la captura de la periodista española Salud Hernández por parte del ELN el mismo mayo, apenas dos meses después de que las partes anunciaran desde Caracas que estaban dispuestas a buscar la paz.
El grupo armado ha entregado hasta ahora a tres rehenes, pero todavía retiene a otros, incluido el ex congresista Odín Sánchez, e insiste en que no serán liberados hasta que el Gobierno indulte a algunos combatientes del ELN que han sido encarcelados.
Según la versión de los insurgentes colombianos, para destrabar el proceso de paz, las partes llegaron el 6 de octubre a un "acuerdo humanitario" por el cual ambas accedieron a este canje "como gesto de voluntad política".
"Para concretar los indultos, nuestra delegación postuló a dos compañeros condenados por retenciones, los cuales fueron rechazados por el Gobierno, argumentando las limitaciones que impone la Ley 418 de 1997, posición con la cual se pretende restringir el concepto amplio del delito político y sus acciones conexas", ha denunciado el ELN.
Para la guerrilla, esto no es más que una excusa de Santos y su equipo para mantenerse alejados de la mesa de negociaciones "porque eso significa darle la palabra a la sociedad y permitir que sea el pueblo quien defina cuáles son los principales problemas que se deben discutir y cuáles deben ser las soluciones para construir la paz".
Estas desavenencias han hecho que el encuentro de hoy en Ecuador sea un mero contacto para dilucidar si es posible seguir adelante con este proceso, que ha generado enormes expectativas por la paz firmada ya con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la primera guerrilla del país.
NUEVO PROCESO DE PAZ
El proceso de paz con el ELN tendrá un formato muy parecido al desarrollado con las FARC. Contará con una sede internacional, que en este caso se irá rotando, y habrá unos países garantes --Venezuela, Ecuador, Brasil y Noruega-- y otros acompañantes --Cuba y Chile--.
En esta mesa los interlocutores, diez por cada parte como máximo, "ejecutarán con la mayor celeridad y rigurosidad" una agenda de paz de seis puntos: participación de la sociedad, democracia, transformaciones, víctimas, fin del conflicto e implementación.
En el primer punto --participación de la sociedad-- las partes buscarán la implicación de los colombianos en "la construcción de la paz" a través de iniciativas y propuestas como parte de "un ejercicio dinámico y activo, incluyente y pluralista, que permita elaborar una visión común de la paz que propicie las transformaciones necesarias".
Con la "democracia para la paz", Gobierno y ELN desarrollarán "un debate" sobre las soluciones propuestas por la sociedad para "los problemas que afectan a su realidad" y "el tratamiento de los conflictos", lo que derivará en "un marco normativo" con "garantías para la manifestación pública".
En el punto sobre las "transformaciones para la paz", acordarán "un programa transformador para superar la pobreza y la contaminación ambiental", además de "planes alternativos integrales con un enfoque territorial" para las comunidades excluidas.
En el cuarto punto, las partes intentarán "poner en el centro" a las víctimas de la guerra colombiana mediante el reconocimiento, la verdad, la justicia y las garantías de no repetición. "El conjunto de estos elementos fundamenta el perdón y proyecta la reconciliación nacional", ha indicado Frank Pearl, jefe negociador del Gobierno para el ELN.
"En el fin del conflicto armado (quinto punto) el objetivo es erradicar la violencia", ha explicado. Se trata de pactar "un alto el fuego bilateral" y "propiciar el tránsito del ELN a la política legal". También incluye "esclarecer el fenómeno del paramilitarismo".
Por último, la Casa de Nariño y la insurgencia diseñarán "un plan general de ejecución" de lo pactado, que se basará en lo acordado en esta materia en los demás puntos de la agenda de paz, y establecerán "mecanismos de control, seguimiento y verificación con participación de la sociedad y de la comunidad internacional".
UNA PAZ COMPLETA
La agenda de paz guarda también paralelismo con la acordada en su momento por el Gobierno y las FARC, aunque carece de algunas cuestiones, como la justicia transicional y la participación política, que las autoridades colombianas pretenden extender a cualquier acuerdo con grupos armados ilegales.
La intención de Santos era hacer confluir los dos procesos de paz para acabar cuanto antes con el conflicto armado más longevo del hemisferio occidental, pero las guerrillas, si bien han admitido que puede haber puntos de conexión, rechazaron sentarse a la misma mesa de negociaciones.
FARC y ELN han coincidido en que llegado este momento histórico era necesario buscar una paz negociada, pero difieren en las demandas al Estado colombiano, insistiendo que, aunque el enemigo es el mismo, sus motivaciones son distintas.
Este es el quinto intento del Gobierno colombiano de firmar la paz con el ELN. Ya lo intentaron Belisario Betancur (1982-1986), César Gaviria (1990-1994), Ernesto Samper (1994-1998) y Álvaro Uribe (2002-2010), pero hasta ahora la guerrilla, con unos 2.000 combatientes, se ha resistido a deponer las armas.