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El asesinato del piloto jordano suma una nueva barbarie del Estado Islámico

El asesinato del piloto jordano Muad al Kasaesbe por parte de Estado Islámico es la última de una serie de barbaries cometidas por el grupo terrorista, que desde mediados de 2014 ha emprendido una mediática campaña de secuestros y ejecuciones.

El grupo que lidera Abu Bakr al Baghdadi comenzó a asesinar a rehenes occidentales el pasado 19 de agosto, cuando decapitó al periodista estadounidense James Foley, quien llevaba dos años secuestrado en Siria.
En dicha grabación, se advertía al presidente de Estados Unidos, Barack Obama, de que el también periodista estadounidenses Steven Sotloff correría la misma suerte a menos que Washington no pusiera fin a sus bombardeos en Irak contra las posiciones del grupo yihadista.
El 2 de septiembre, Estado Islámico hizo efectiva su amenaza, procediendo a decapitar a Sotloff, quien había sido secuestrado en agosto de 2013 en Siria mientras cubría la guerra civil como freelance.
"Estoy de vuelta, Obama, y estoy de vuelta por tu arrogante política exterior hacia el Estado Islámico. Mientras tus misiles sigan bombardeando a nuestra gente, nuestro cuchillo seguirá cortando los cuellos de la vuestra", afirmaba el ejecutor, quien por su marcado acento británico ha sido identificado como 'Jihadi John'.
Primer británico
Como en el caso anterior, en el vídeo de decapitación de Sotloff se amenazaba con la ejecución de un nuevo rehén occidental, en este caso el cooperante británico David Haines, quien había sido secuestrado en marzo de 2013 cerca del campo de refugiados de Atmeh, en el norte de Siria.
La amenaza se haría efectiva el 13 de septiembre. En el vídeo publicado entonces, Haines se dirigía al primer ministro británico, David Cameron. "Entraste de forma voluntaria a una coalición con Estados Unidos contra el Estado Islámico, tal y como hizo tu predecesor Tony Blair, continuando con la tendencia de nuestros primeros ministros que no encuentran el valor para decir no a los estadounidenses", afirmaba.
El vídeo, cumpliendo con el mismo ritual de los anteriores, señalaba a la próxima víctima de Estado Islámico, el cooperante británico Alan Henning, quien fue secuestrado en diciembre de 2013 en Siria. Su mujer hizo un llamamiento a Estado Islámico para que lo liberara, recordando que había viajado a Siria para ayudar.
"Cuando fue secuestrado estaba conduciendo una ambulancia llena de comida y agua para entregarla a cualquier persona necesitada. Su objetivo no era ni más ni menos que este. Era un acto de pura compasión", defendió Barbara Henning. "Alan es un hombre pacífico y abnegado", aseguró. "No puedo entender cómo podría ayudar a la causa de cualquier Estado que el mundo vea cómo muere", argumentó.
Sin embargo, de poco sirvieron sus llamamientos, porque el 3 de octubre Henning fue decapitado. En el vídeo, un Henning arrodillado afirmaba: "Por la decisión de nuestro Parlamento de atacar a Estado Islámico yo, como miembro de la ciudadanía británica, pagaré el precio".
Peter Kassig
Siguiendo el guión de los anteriores casos, Estado Islámico amenazaba en el vídeo con una nueva ejecución, la de Peter Kassig, que finalmente se hizo efectiva --al menos públicamente-- el 16 de noviembre.
De nada sirvieron las peticiones de "clemencia" de sus padres ni la publicación de una carta del joven, en la que éste explicaba su conversión al islam. En ella, según indicaron sus padres, que defendieron que se hablase de él como Abdul Rahman Kassig --el nombre que adoptó tras convertirse en 2013--, explicaba que rezaba cinco veces al día y que se tomaba en serio las prácticas religiosas.
Asimismo, reconocía que estaba "bastante asustado ante la posibilidad de morir" y reconocía que "lo peor" era no saber si "hay esperanza". "Si muero, creo que al menos podemos buscar refugio y consuelo sabiendo que salí (de Estados Unidos) como resultado de un intento de aliviar el sufrimiento y ayudar a aquellos que atravesaban momentos de necesidad", subrayaba Kassig, que decía estar "en una situación dogmática complicada, pero a gusto con sus creencias".
Rehenes japoneses
Estado Islámico dirigió posteriormente sus amenazas contra Japón, a cuyo Gobierno recriminó el apoyo a la coalición militar internacional que está bombardeando posiciones yihadistas en Irak y Siria y que encabeza Estados Unidos.
La milicia suní exigió inicialmente el pago de un rescate de 200 millones de dólares (172,8 millones de euros) --la misma suma que Tokio había prometido en ayuda no militar a Irak y Siria-- en 72 horas a cambio de la vida de los rehenes nipones Haruna Yukawa y Kenji Goto.
El 24 de enero, Estado Islámico difundió el vídeo de la ejecución de Yukawa y pasó de exigir dinero a plantear un posible canje de presos. La organización exigía la excarcelación de la yihadista iraquí Sajida al Rishawi, detenida en Jordania, a cambio de la entrega de Goto y el piloto jordano, secuestrado el 24 de diciembre.
Tras una serie de ultimátums y de aparentes negociaciones entre las partes, los milicianos asesinaron a Goto el 31 de enero. La cadena ha concluido el 3 de febrero con la difusión del vídeo en el que el grupo terrorista quema vivo a Al Kasaesbe.