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La oposición en el Reino Unido ha quedado descabezada

La oposición en Reino Unido ha quedado descabezada. La contundente victoria lograda por David Cameron, que contra el ajustado resultado que vaticinaban los sondeos ha logrado una mayoría absoluta para los conservadores, ha provocado la dimisión en cadena de los líderes de los otros tres grandes partidos del país.

Sin duda, la más previsible era la del líder de los laboristas, Ed Miliband, quien tras el fuerte varapalo sufrido cuando en su formación especulaban con una vuelta a Downing Street, no ha dudado en entonar el 'mea culpa' y apartarse a un lado.
Antes de que se conocieran los resultados definitivos --331 escaños para los conservadores y 232 para los laboristas--, Miliband ha asumido la "responsabilidad total y absoluta" del mal resultado y ha anunciado su renuncia, con el fin de permitir que el partido abra de forma inmediata un "debate abierto y honesto" sobre su futuro.
Asimismo, tras poner a su hasta ahora 'número dos' al frente de forma interina, Harriet Hartman, ha invitado a los suyos a que lleven a cabo el proceso con "civismo y camaradería", intentando con ello zanjar potenciales divisiones como las que habían marcado en los últimos años al Laborismo con la guerra abierta entre los ex 'premier' Tony Blair y Gordon Brown y la lucha fratricida que él mismo mantuvo en 2010 por el liderazgo.
"Reino Unido necesita ahora un Laborismo más fuerte, que pueda reforzarse tras esta derrota y promover el gobierno que los trabajadores necesitan", ha declarado. De hecho, el partido ha invitado a sus partidarios en Twitter a que se afilien para seguir luchando "por un país más justo".
Los laboristas deberán elegir próximamente al que será su cuarto líder en menos de una década. Los medios especulan ahora con quién tomará las riendas del partido, máxime cuando el que podría haber sido el heredero natural de Miliband, el 'ministro' de Finanzas en la sombra, Ed Balls, no ha conseguido un escaño en las elecciones. En las quinielas están precisamente su esposa, la hasta ahora portavoz de Interior, Yvette Cooper; así como el responsable de Salud, Andy Burham, ambos ex ministros con Gordon Brown.
Nick Clegg
Tampoco tenía ante sí una tarea fácil en estas elecciones el líder del Partido Liberal Demócrata, Nick Clegg. Su decisión de entrar en la primera coalición en Reino Unido en 70 años con los conservadores ha pasado factura a su formación, que además no ha sido capaz de sacar adelante algunas de sus grandes promesas, como la reforma del sistema electoral.
Un modelo conocido como 'first past the post', por el que el más votado se lleva el escaño en cada circunscripción, que su partido lleva años denunciando que le perjudica, ya que el porcentaje de votos a nivel nacional no se ve traducido en un número considerable de escaños.
En esta ocasión, los sondeos auguraban que Clegg podría incluso perder el escaño que ocupaba hasta ahora, algo que finalmente no ha ocurrido. Sin embargo, los liberaldemócratas han visto cómo los 57 escaños que obtuvo en 2010 han quedado reducidos a tan solo ocho.
Clegg ha reconocido que el partido vive "su momento más negro" desde su fundación y que, "finalmente, el resultado ha sido más demoledor y duro de lo que había temido". "Esta mañana, tras el golpe más devastador, es fácil pensar que no hay camino de vuelta, pero no es posible una sociedad sin el Liberalismo; nuestro partido volverá y ganará de nuevo", ha vaticinado.
Asimismo, ha avanzado que su sucesor, cuya elección seguirá los estatutos del partido, contará con su "apoyo indeleble", si bien advirtió que el regreso a la primera línea política "llevará tiempo y agallas".
Está por ver ahora quién sucede a Clegg, teniendo en cuenta también que algunos de los pesos pesados de la formación han quedado fuera de Westminster. Uno de ellos es Vince Cable, ministro de Empresa saliente y derrotado precisamente por un 'tory'. Otros dos antiguos miembros del Ejecutivo de coalición, Danny Alexander y Ed Davey, también han pagado el precio del poder. Tampoco ha logrado un escaño Charles Kennedy, antiguo líder de la formación.
Nigel Farage
Por último, el líder del Partido para la Independencia de Reino Unido (UKIP), Nigel Farage, se ha visto obligado a renunciar para cumplir con el órdago que él mismo planteó hace unos meses: si no conseguía un escaño en estas elecciones, tras el fracaso en 2010, abandonaría la jefatura del partido que comandaba desde 2011.
En su caso, sin embargo, ha sido una renuncia a medias, ya que se ha reservado la baza de presentarse al puesto en el Congreso que celebrará el partido en septiembre. "Soy un hombre de palabra", ha afirmado, anunciando su renuncia y que deja temporalmente el testigo a la 'número dos', Suzanne Evans.
Aunque ha dicho sentirse en parte "decepcionado" por haberse quedado a 3.000 votos del escaño frente al candidato conservador, añadió que estaba también "mejor de lo que me he sentido en muchos años". Farage ha subrayado que desde 1993 no ha tenido vacaciones y por tanto pretende tomarse el verano de asueto y "disfrutar un poco".
"Habrá una elección del próximo líder del UKIP en septiembre y consideraré durante el curso de este verano si presentar mi nombre de nuevo para ese puesto", ha adelantado.
En todo caso, su derrota es más agridulce si cabe que las de Miliband y Clegg, puesto que, con él al frente, tal y como ha destacado el partido, el UKIP ha logrado los mejores resultados de su historia: un 12,6 por ciento de los votos. Sin embargo, el sistema electoral le ha penalizado, ya que estos se han visto traducidos en un único escaño.
"Es decepcionante que el desfasado sistema de voto signifique que casi cuatro millones de votos para el UKIP se traducen en un número mínimo de escaños", ha lamentado la formación, que ha resaltado que ahora mismo es la "tercera fuerza" por porcentaje de voto en el país.