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EEUU defiende la intervención internacional que aceleró el derrocamiento de Gadafi en Libia

El Gobierno de Estados Unidos ha defendido nuevamente este jueves la intervención internacional que aceleró el derrocamiento del líder libio Muamar Gadafi en 2011, si bien ha reconocido que hubo errores en la planificación del periodo posterior.
Preguntado por el informe del comité de Asuntos Exteriores del Parlamento de Reino Unido crítico con la intervención franco-británica, el viceportavoz del Departamento de Estado, Mark Toner, ha recalcado que la comunidad internacional "tenía derecho" a intervenir.
"En ese momento había afirmaciones de Gadafi asegurando que iba a ir a varias ciudades controladas por los rebeldes para cazar a la gente como a perros y matarlos", ha recordado.
"Básicamente, prometió que llevaría a cabo asesinatos en masa. Según eso, creo que la comunidad internacional tenía todo el derecho a hacer lo que hizo, que fue llevar a cabo bombardeos", ha argumentado.
Sin embargo, ha reconocido que, como dijo el presidente estadounidense, Barack Obama, hace unos meses, "no se hizo lo suficiente inmediatamente después de su caída para ayudar a Libia a ser un país seguro".
"Eso fueron errores, en el sentido de que no hicimos lo suficiente. Eso incluye obviamente a Estados Unidos, pero obviamente también a los aliados, incluido Reino Unido", ha concedido.
Pese a ello, ha abogado por "mirar a dónde se está hoy y a los esfuerzos que se han hecho para establecer un partido político y un gobierno, un nuevo gobierno capaz de construir instituciones que den seguridad y prosperidad económica a Libia".
EL INFORME BRITÁNICO
El comité parlamentario británico criticó al entonces primer ministro David Cameron de no contar con una estrategia coherente para la campaña de operaciones aéreas contra el Ejército libio.
Así, sostuvo que la intervención "no contó con información de Inteligencia precisa", agregando que esto favoreció el surgimiento del grupo yihadista Estado Islámico en el norte de África.
La coalición internacional encabezada por Francia y Reino Unido lanzó una campaña aérea contra las fuerzas de Gadafi en marzo de 2011, después de que el Gobierno amenazara con atacar la localidad de Benghazi, epicentro del levantamiento popular.
El derrocamiento y posterior ejecución de Gadafi a manos de los rebeldes en octubre de ese mismo año llevó a la fragmentación definitiva de país, dividido en numerosas milicias y grupos revolucionarios que pugnaron por hacerse con cuotas de poder.
Cameron defendió en enero su papel en el conflicto, resaltando que Gadafi "amenazó con matar a su propio pueblo como a ratas", si bien el comité parlamentario dijo que el Gobierno británico "no supo discernir que la amenaza a los civiles fue exagerada".
Asimismo, manifestó que el Gobierno tampoco supo identificar "el elemento islamista extremista existente en la rebelión", añadiendo que "la estrategia de Reino Unido estuvo basada en conjeturas erróneas y en un entendimiento incompleto de las pruebas".
El comité recalcó además que esta intervención limitada pasó rápidamente "a una política oportunista de cambio de régimen", señalando que no estuvo acompañada de una estrategia para apoyar a Libia tras la caída de Gadafi.
"El resultado fue un derrumbe político y económico, guerras entre milicias y tribus, crisis humanitarias y de migrantes, violaciones generalizadas de los Derechos Humanos, difusión de las armas del régimen en la región y el crecimiento de Estado Islámico en el norte de África", lamentó.
Por ello, apuntó a Cameron como "responsable último del fracaso de desarrollar una estrategia coherente para Libia".