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Los Chengguan prueban de su propia medicina

Vomitando sangre en el suelo de la calle, Huang hace una mueca de dolor. Unos policías le han apaleado con un martillo por defender a una mujer a la que los agentes estaban maltratando en un mercado del sureste de China. La multitud llama a Urgencias con sus móviles hasta que, de repente, ven la furgoneta de los agentes y su rabia, la de cientos de personas, se desata. Una turba que lo destroza todo con piedras y palos dejando los cuerpos de cinco policías destrozados hechos un guiñapo. Años de impotencia condensados en esta barbarie porque detrás están los abusos de los "Chengguan", un cuerpo de la policía local que hace y deshace lo que quiere sin ningún control en esa zona gris en la que viven miles de chinos que huyeron del campo a la ciudad buscando un futuro mejor en mercadillos ilegales en los que ahora reina la ley de los Chengguan, los más fuertes.