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El CICR apoya al hospital de Mosul que recibe a los heridos en la liberación de la ciudad

La violencia deja, además de las heridas físicas, consecuencias psicológicas, especialmente en los niños Quienes buscan regresar se encuentran con sus casas destruidas y con poca ayuda
La violencia deja, además de las heridas físicas, consecuencias psicológicas, especialmente en los niños
Quienes buscan regresar se encuentran con sus casas destruidas y con poca ayuda
La batalla para recuperar Mosul, controlada por el grupo terrorista Estado Islámico desde junio de 2014, ha entrado en su fase final y los enfrentamientos se han trasladado a las estrechas calles de la Ciudad Vieja, convirtiendo a la urbe en un buen ejemplo de que la guerra urbana es en la actualidad la norma en los conflictos actuales.
Como resalta el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en su reciente informe 'Vi morir a mi ciudad', el hecho de que la guerra se haya trasladado a las ciudades ha tenido como resultado que en los conflictos en Siria e Irak el 70 por ciento de los civiles muertos se produjeran en ellas en los últimos tres años.
Los habitantes de Mosul llevan desde el pasado mes de octubre siendo testigos de la guerra desde sus propias casas, pero el asalto final contra los milicianos que quedan atrincherados en el casco histórico de la ciudad, usando con frecuencia a civiles como escudos humanos o matando a quienes tratan de escapar, ha agravado las consecuencias para ellos.
El CICR trabaja apoyando el Hospital General de Mosul, que se encuentra a unos cientos de metros del 'campo de batalla'. Hasta él llegan a diario numerosos heridos, últimamente "en su mayoría niños", según cuenta el fisioterapeuta del CICR Guido Versloot.
Según explica, la mayoría de los que llegan al hospital han resultado heridos durante su huida de Mosul pero también lo hacen algunos que "han vuelto a sus casas, que deberían ser seguras, y se han topado con explosivos aún en su interior".
Las heridas en las guerras en ciudades densamente pobladas como es el caso de Mosul --que antes de la ocupación tenía unos dos millones de habitantes y donde aún habría unos 100.000 civiles atrapados en la zona que controla Estado Islámico-- son terribles, precisa Ruth Mudasisan, que trabaja como enfermera para el CICR. Según Mudasian, aunque también reciben heridos de bala, "el mayor número de pacientes se deben a lesiones por explosiones".
TRAUMATISMOS DE GUERRA
"Más del 90 por ciento de los traumatismos que vemos son directamente traumatismos de guerra", resalta la doctora Julia Schürch, precisando que se trata de heridas de bala pero también por proyectiles y bombas. Hasta el Hospital General "llega un número muy alto de heridos de guerra, desde pequeñas lesiones superficiales por objetos volantes hasta heridas mortales", precisa.
Pese a la dedicación del personal médico, el elevado número de heridos y la naturaleza de las heridas que estos presentan hace imposible que la doctora Schürch y el resto del equipo puedan salvar a todos. Según cuenta, una jornada recibieron "más de 50 de los que al menos 20 eran casos muy graves".
Sin embargo, como recuerda el CICR, batallas como la de Mosul no solo dejan heridas físicas en quienes las sufren sino también mentales, especialmente entre los más pequeños. "No son solo las heridas, también hay muchos problemas psicológicos", destaca Versloot. Todos los que llegan al hospital lo hacen con una historia, "especialmente los niños", añade. "Quieren hablar mucho sobre ella y quieren saber si sus padres están aún ahí", precisa.
LOS NIÑOS DE MOSUL
Los niños de Mosul necesitarán mucho apoyo, advierte el CICR, ya que en muchos casos han perdido no solo sus casas sino también a sus padres o hermanos. Por ello, el organismo pide a las partes enfrentadas que hagan todo lo posible para evitar que se vean afectados ya que "ellos son el futuro".
"Cuando hablas con los niños siempre lloran, dicen que quieren ir con su padre o que quieren volver a casa y su madre les dice que ahora ya no tienen casa", relata Mudasisan.
La enfermera reconoce que esta situación es dura para el personal sanitario. "Tenemos que ser fuertes porque tenemos que cuidarles y darles valor y animarles", subraya. "Cuando están aquí hacemos que se sientan como en casa, como si esta fuera solo otra casa para ellos, no como si fueran pacientes, sino que son parte de nosotros", explica.
Los enfrentamientos también han dejado 'heridas' físicas muy visibles en las calles de Mosul, cuya reconstrucción se antoja que será larga y complicada, entre otras cosas porque Estado Islámico suele dejar las zonas que abandona llenas de minas y explosivos, lo que supone un riesgo para quienes tratan de regresar a las zonas liberadas.
EL DIFÍCIL REGRESO A LAS ZONAS LIBERADAS
Mohamed e Ibrahim Khalid son dos hermanos que vivían en el barrio de Al Tamin, en el este de Mosul, uno de los más afectados por la ofensiva para recuperar la ciudad. Como consecuencia de ella, se vieron obligados a escapar con su familia a otra zona de la ciudad y lo hicieron con lo puesto, pensando que podría regresar unos días después.
"Todo el barrio huía; las bombas, los proyectiles de mortero y las balas silbaban sobre nuestras cabezas", cuenta al CICR Mohamed. Ante el avance de las fuerzas iraquíes, la familia tuvo que desplazarse por segunda vez, hasta que el 10 de diciembre conoció la noticia de que su barrio había sido liberado. "Estábamos realmente contentos", recuerda.
Tres semanas después de ello, los dos hermanos, igual que otros muchos vecinos, decidieron volver. Pero, cuando regresaron 45 días después de haberse marchado "nuestro coche era solo un amasijo de metal y las casas habían resultado irreparablemente dañadas".
En el caso de su vivienda, los milicianos de Estado Islámico habían instalado una de sus posiciones en ella y "cuatro de sus miembros se inmolaron dentro", relata Mohamed, precisando que ellos mismos tuvieron que sacar a la calle dos cuerpos después de que las autoridades no les dieran ayuda.
"Es una tragedia inenarrable, toda la casa ha quedado reducida a escombros. La casa ardió por las bombas, los muebles se quemaron y todo quedó reducido a cenizas", se lamenta, precisando que además la parte posterior de la vivienda también resultó alcanzada por un proyectil.
La familia se enfrenta ahora al difícil reto de reconstruir su casa ya que, según cuenta Mohamed, no disponen de una fuente de ingresos. Reconstruirla "costará una fortuna, casi lo mismo que una nueva", destaca, ya que ha quedado "casi totalmente destruida". Hasta que esto ocurra, la familia vive en una casa alquilada.
Mohamed también se queja de la poca ayuda que las autoridades están dando a quienes como su familia quieren regresar a sus antiguas casas. Según denuncia, "son los residentes los que se encargan de limpiar el caos que se ha causado". "Nuestro barrio se ha convertido en una zona de desastre", asegura.
Cuando le preguntan qué es lo más valioso que ha perdido por esta guerra Mohamed lo tiene claro: "por supuesto nuestra casa". "A uno le pueden compensar por un coche quemado pero no por una casa destruida", afirma tajante, ya que "es el lugar a que llama hogar y nada es más querido para uno que tu propio hogar".
"No seré un extraño en otra ciudad, Mosul es mi Mosul", sostiene pese a todo su hermano Ibrahim, justificando así la decisión de la familia de regresar.