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Conversaciones secretas e intercambio de presos para unir a EEUU y Cuba

Tras año y medio de conversaciones secretas, EEUU y Cuba han enterrado pública y simbólicamente el penúltimo reducto de la guerra fria. Los presidentes de ambos países, Barack Obama y Raúl Castro, respectivamente, han comparecido simultáneamente ante los medios para mostrar sus intenciones de restablecer las relaciones diplomáticas y han escenificado el desbloqueo con la liberación de presos.

Cómo símbolo de la voluntad de ambos países de retomar las relaciones, Cuba y EEUU han llegado a un acuerdo sobre los presos que tienen en sus cárceles.
En la isla han sido recibidos como héroes los tres agentes cubanos arrestados en EEUU en 1998 y condenados en 2001 por espionaje. Los tres se fundieron en un abrazo primero con el presidente Raúl Castro y luego con sus familiares sin poder disimular su emoción.
A cambio, los cubanos han liberado a Alan Gross, detenido en 2009 cuando intentaba montar en la isla lo más parecido a internet que pudiera tener la disidencia y a un espía estadounidense que durante años dio información vital a Washington y del que no hay imágenes.
Puesta en escena casi de guerra fría para decir adiós a más de 50 años de una política que dice Obama, nunca ha funcionado.
Raúl Castro, por su parte, ha anunciado que "hemos acordado el restablecimiento de las relaciones diplomáticas, pero eso no quiere decir que lo principal se haya resuelto, el bloqueo económico, comercial y financiero que provoca enormes daños a nuestro país debe cesar".
Ambos, también han agradecido al Vaticano que hiciera posible el acercamiento, ya que el papa Francisco fue quien consiguió que se dieran el "sí" por teléfono después de 18 meses de negociaciones secretas con mediación de un tercer país: Canadá.
Entre las medidas más inmediatas del acuerdo están que volverá a haber una embajada estadounidense en La Habana, cerrada en 1959, y que Obama acudirá a la Cumbre de las Américas del año que viene, en Panamá.
Por delante a Obama le queda un importante escollo: convencer al Congreso, controlado por la oposición republicana, de que hay que poner fin al embargo. Es el único que, con la mano en la ley, puede hacerlo.