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El 2016, un año insólito para la política en España

De la salida británica de la Unión Europea a la elección de Donald Trump como presidente de EEUU. El 2016 ha sido un año insólito en lo político. Y también en España. De la imagen de Pablo Iglesias con el bebé de Bescansa en el congreso, pasando por el 'no es no' de Pedro Sánchez y los intentos de negociación con Ciudadanos, a Mariano Rajoy. Un Mariano Rajoy que superada la pesadilla de la Presidencia en funciones, cierra el año crecido en votos, con más poder interno y mejores perspectivas que aquellos que le han disputado el puesto. Y a juicio de todos, haciendo alarde de sí mismo, esto es, sin apenas mover un dedo.

El año nació con nuevos aires y una herencia envenenada. Un Congreso multicolor, fruto de los resultados del 20 D. El fin, sí, del bipartidismo y la alternancia; lo nunca visto. A cambio, lo de formar Gobierno se convirtió en un jeroglífico. Desde el principio, la izquierda, incapaz de cerrar un acuerdo... desde el principio, Rajoy convencido de que la solución iba a estar en quedarse quieto. Tras el 'no' a presentarse a la investidura, empuja a España a un abismo constitucional, detiene el reloj de la legislatura y desliza la carga sobre los hombres de un Pedro Sánchez que reivindicaba también ante los suyos el derecho a intentar un acuerdo con socios imposibles. Era el tiempo del 'no' saludo con Rajoy; de la fallida mesa de la izquierda. Los vetos cruzados Podemos-Ciudadanos, dejan cojo el acuerdo final. El intento de investidura fracasó. Tras 100 días sin Gobierno, un amago de reconciliación, un nuevo ensayo de acuerdo a tres que no cuaja y otra ronda de consultas sin candidato, España consumía la legislatura 11, la más breve de la democracia.

Llegaron las elecciones del 26J, Sánchez y Rivera sumaron menos, e Iglesias, con Garzón, se estancan. Rajoy festejó los primeros frutos de su estrategia: esperar y ver. Impávido ante los problemas ajenos, –en el PSOE echó a andar el dilema de la abstención, en Podemos el de "seducir" o "dar miedo" y en Ciudadanos el del pacto a una u otra banda–, sortea intacto los suyos propios: el escándalo Soria, el caso Rita Barberá, la reprobación de Fernández Díaz o el juicio de la Gürtel...

El 19 de julio el Congreso cambia, pero Rajoy no. Cuando todos esperaban que diera el paso volvía a sorprender. Para éste, empezaba la operación "reblandecimiento", esto es, que las cosas cayesen por su peso. Y para Sánchez, por su parte, una defensa numantina del 'no es no' que acabaría costándole el cargo.

El 2 de septiembre, con la investidura fallida de Rajoy, crecía la presión para el entonces secretario general del PSOE. Los suyos le cuestionaban, desde la izquierda le reclamaban y desde la derecha le apretaban: o abstención o elecciones. Tocado electoralmente en Galicia y Euskadi, reaccionaba retador en lo que sería el preludio de su semana más negra. La dimisión en bloque de la Ejecutiva, el Comité Federal del caos... la dimisión.

Fue el 1 de octubre, con otro Comité Federal, el de la abstención, el que puso fin a 315 días sin Gobierno. Rajoy, con el apoyo de Ciudadanos y la abstención socialista, era reelegido presidente. Pedro Sánchez ausente en la investidura, dejó el acta de diputado. Mientras Iglesias y Rivera defienden su cuota de protagonismo en el nuevo escenario parlamentario: Rajoy, ya no está en funciones.