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El juicio contra los cinco policías nacionales acusados de matar a un hombre en Cala Cortina (Murcia)comienza en octubre

El juicio contra los cinco agentes de Policía Nacional acusados de dar muerte a Diego Pérez Tomás, vecino del barrio cartagenero de Las Seiscientas cuyo cadáver apareció flotando en Cala Cortina (Murcia) en el mes de marzo de 2014, comienza el 3 de octubre y serán juzgados por un jurado popular. Las vistas orales se prolongarán durante un mes, estando previsto que concluyan el 2 de noviembre.
El Fiscal y las acusaciones particulares estiman que los cinco acusados serían coautores de un delito de detención ilegal y otro de homicidio, concurriendo para todos ellos la circunstancia agravante de la responsabilidad criminal de abuso de superioridad y de aprovechamiento de las circunstancias de tiempo y lugar.
En cambio, las defensas de los cinco acusados consideran que la muerte fue accidental o, en cualquier caso, ajena a la conducta de los acusados, por lo que los hechos no son constitutivos de infracción penal.
El magistrado tribunal fija que el juicio tenga lugar con audiencia pública y cita a las partes a realizar el sorteo de 36 jurados a las 10.00 horas del jueves, 1 de junio de 2017.
Los hechos que se recogen en el auto dictado por el magistrado presidente Jacinto Aresté y que deben ser justiciables son si en la madrugada del 11 de marzo de 2014 el fallecido llamó desde su teléfono al 091, solicitando auxilio policial al sentirse amenazado por unos individuos y si sufría una esquizofrenia paranoide y trastorno de afectividad que determinaba un grado de discapacidad del 45%.
Además de si a consecuencia de esa llamada acudieron a su
domicilio los policías en un vehículo 'Zeta' y si cachearon a la víctima y le propinó, uno de ellos, una bofetada.
Otro de los hechos que se someterá a juicio es si, a continuación, los agentes intervinientes indicaron a Diego de manera intimidatoria que se subiera al vehículo policía, privándolo así de su libertad, y de común acuerdo decidieron llevarle a Cala Cortina, a más de dos
kilómetros del lugar, lugar al que se trasladaron los tres
vehículos policiales.
Deberán, asimismo, comprobar si más avanzada la madrugada los vehículos policiales llegaron a Cala Cortina y los agentes le propinaron golpes a Diego Pérez Tomás con la intención de atentar contra su vida o asumiendo la posibilidad de su muerte.
Y si las posibilidades de defensa o auxilio de la víctima quedaban disminuidas por la superioridad numérica y física de los agresores y el aislamiento del lugar a esa hora y si los golpes propinados determinaron varias fracturas produciendo su muerte.
El Jurado Popular también deberá juzgar si los policías arrojaron el cadáver al mar desde algún punto de la bahía y si se halló en la bahía de la playa de Cala Cortina dos semanas después.
LOS HECHOS
Hay que recordar que se ordenó prisión provisional, incomunicada y sin fianza para los seis policías acusados, pero uno de ellos, G.J.G.M., murió en octubre de 2015 cuando estaba internado en la prisión de Estremera, supuestamente por una pancreatitis.
Los policías compartían turno en las llamadas patrullas Zeta de la comisaría de Cartagena, y agentes de asuntos internos y de la policía judicial de Murcia y Cartagena los situaron en el punto de mira después de que un testigo dijera haber visto a la víctima en un coche policial la noche en que desapareció.
Los hechos se remontan a las 4.35 horas del 11 de marzo de 2014, cuando la víctima, de 43 años, llamó desde su teléfono a la Sala de emergencias y coordinación policial del 091 de Cartagena, solicitando auxilio policial toda vez que estaba asustado al sentirse amenazado por unos individuos.
A las 4.39 horas, la Sala del 091 comisionó a los agentes J.C.M.L., y a su compañero G.J.G.M. (fallecido en 2015 prisión), que acudieron al lugar a bordo de un vehículo policial 7-54, y a los agentes J.A.C.G., y J.L.S.A., que acudieron a bordo de otro vehículo policial Z-57 y con servicio en la zona centro.
Al lugar de los hechos acudió también el vehículo policial Z-56, de color blanco, en el cual se encontraban los agentes R.M.F.S. y R.A.R., a los cuales les correspondía el servicio en la zona de Barrios, sin que hubieran sido comisionados por el 091 ni hubiera causa justificada para su presencia.
Una vez llegaron al lugar y localizaron a Diego en la vía pública junto a su domicilio, los agentes comenzaron a cachearle, llegando el agente J.L.S.A. a darle una bofetada, según el auto. A continuación, de común acuerdo y con intención de atentar contra la libertad de Diego, le indicaron de manera intimidatoria que se subiera en el vehículo policial Z-54.
En lugar de trasladarle a dependencias policiales o a un centro sanitario, la jueza señala que decidieron llevarle a Cala Cortina, lugar solitario y aislado que dista más de dos kilómetros, y hasta cinco kilómetros del domicilio de Diego y de las zonas de patrullaje de los agentes.
A las 4.55, los agentes se comunicaron con la Sala del 091 informándole que habían resuelto la intervención tranquilizando a Diego e indicándole los pasos a seguir, "ocultando a la sala, a sabiendas de su ilicitud, que los tres vehículos policiales se estaban trasladando a la Cala con la víctima a bordo", añade la magistrada.
Aproximadamente a las 5.00 horas, los vehículos policiales llegaron a Cala Cortina, circulando con las luces de posición del puente superior apagadas, al objeto de pasar desapercibidos, cruzándose con dos patrullas de la Policía Portuaria de Cartagena que les preguntaron por su presencia en el lugar, dando los agentes respuestas evasivas sobre la misma.
Como resultado de la agresión, le causaron la muerte "por rotura de las vértebras del cuello", para, a continuación, "arrojar el cadáver al mar desde algún punto de la bahía".
El hermano de la víctima denunció su desaparición del día 13 de marzo de 2014, habiendo contactado por última vez con Diego en conversación telefónica la noche del día 10 de marzo de ese mismo año. Tras la denuncia de desaparición, la Policía Nacional, con aviso a Policía Local y Guardia Civil, un dispositivo de búsqueda del desaparecido del que fueron informados los agentes acusados, quienes, de común acuerdo, continuaron ocultando su actuación.
El cadáver de Diego fue hallado en la bahía de la playa de Cala Cortina, dos semanas después, en la mañana del día 25 de marzo de 2014, practicándose la autopsia del mismo a las 9.00 horas del día 26 de marzo.
El informe definitivo, una vez recibidos los informes de toxicología, histopatología y demás pruebas complementarias, concluyó que Diego presentaba lesiones traumáticas vitales en estructuras cefálicas, oftálmicas y faciales y murió como consecuencia de una acción violenta homicida, por destrucción de los centros neuronales superiores debido a la fractura de la vértebra C-3 y fracturas trabeculares desde la C-2 a la C-7.