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Las monarquías europeas y sus líos con la justicia

La Infanta Cristina y su marido, Iñaki UrdangarinGtres

El 22 de julio de 2012  y este miécoles 3 de abril de 2013 son dos fechas que seguro estarán marcadas en rojo en la agenda de la infanta Cristina. Entre ambas, el temor a una imputación que acaba de producirse y que pone a la hija menor del rey ante los pies de unos caballos llamados Justicia. En la primera de ellas, el juez José Castro, abre una pieza separada del 'caso Arena' para investigar los pagos de varios organismo públicos a un denominado Instituto Nóos, presidido por su marido, el Duque de Palma, Iñaki Urdangarin. La segunda es la confirmación de que, por el momento, todos somos iguales ante la justicia. Pero en la historia de las monarquías europeas, el caso de la infanta Cristina no es único.

Muchos son los nombres de miembros de casa reales del viejo continente que abren las portadas de los medios de comunicación por los acontecimientos sociales que protagonizan. Pero también lo son en algunas ocasiones por sus encontronazos con la Justicia.
Las 'comisiones' de Bernardo de Holanda
El príncipe Bernardo de Lippe-Biesterfeld
Ya no nos acordamos pero en 1976, la Reina Juliana de los Países Bajos, llegó a amenazar con su abdicación si la justicia imputaba a su marido, Bernardo de Lippe-Biesterfeld, en un turbio asunto de tráfico de influencias y cobro de comisiones millonarias, conocido como el 'caso Lockheed'. El príncipe consorte llegó a mandar una carta "exigiendo" el pago de una comisión por la venta de material militar.
Pese a las abrumadoras pruebas contra él, el gobiernoholandés de turno se creyó la amenaza real y no llevo el asunto ante la Justicia. El descarado Bernardo de Lippe-Biesterfeld perdió muchos honores, entre ellos el vestir el unifome oficial del ejército holandés, pero tuvo tiempo para fundar, junto a otros socios, el oscuro Grupo Bilderberg.
El desvío de fondos del príncipe Laurent de Bégica
Príncipe Laurent de Bélgica
Mucho hemos hablado en este país de lo que cuesta a nuestro dirigentes pedir perdón por sus errores. La imagen de don Juan Carlos haciéndolo por su accidentado safari en Botswana en la estuvo acompañado por su "amiga entrañable", Corinna zu Sayn-Wittgenstein, nos dejó a todos con un sabor agridulce. Pero por mucho que nos cueste creerlo, no ha sido ni el único, ni el primero.
Seis años antes, el rey Alberto II de Bélgica, incluyó en su tradicional discurso de Navidad, una frase destinada a pedir perdón a sus súbditos por una 'travesura' del tercero de sus hijos. En 2007, el príncipe Laurent, se libró pro los pelos de sentarse ante un juez por desviar fondos de la Armada para la construcción de su residencia.
Una luna de miel con trampa
Los príncipes Victoria y Daniel de Suecia
En Suecia no hay ningún juez como José Castro, ni tampoco existe la igualdad de todos ante la Justicia. Porque de haberla, la situación actual de la princesa heredera, Victoria de Suecia y de su marido, Daniel Westling, sería bien diferente. Y es que en este país nórdico, las leyen impiden la imputación de cualquier miembro de la realeza.
Victoria y Daniel fueron poco cuidadosos con su estatus, cuando aceptaron que un conocido multimillonario sueco corriese con todos los gastos de su lujosa y costosa luna de miel. El caso no pudo ser judicializado y todo quedó en un mal paso que puso en un brete a la impoluta monarquía de Suecia.
El pendenciero marido de Carolina de Mónaco
La princesa Carolina de Mónaco y su marido, Ernesto de Hannover
Los encontronazos de Ernesto de Hannover, actual marido de la princesa Carolina de Mónaco no son cosa de ahora. Ya desde su adolescencia mostró la madera de la que estaba hecho. A los quince años, su actitud contestataria y anarquica le daría su primer susto. A esa trempaña edad, las autoridades alemanas le retiraron su permiso para conducir vehículos y motocicletas tras provocar un grave accidnte de tráfico en compañía de un grupo de amigos rockeros.
Después vendría su matrimonio con Carolina y su aficción por beberse la vida a sorbos. Es a partir de este momento cuando su caracter tabernario le granjea el epíteto de "príncipe de las tortas" que le adjudicó la prensa de su país. A principios de 2000, una bronca con el propietario de una discoteca cuyo ruido le molestaba terminó con el emprasario molido a palos. Como consecuencia, fue condenado a pagar una multa de más de 400.000 euros de los que sólo abonó la mitad. Eso sí, reconoció que los excesos del alcohol fueron responsables de su comportamiento.