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El PP teme una coalición y el PSOE no desvela quién sería su socio favorito

Comienza la cuenta atrás para el 20DFoto: Gtres

El Congreso de los Diputados que saldrá de las urnas el próximo 20 de diciembre se adentrará en un terreno desconocido en la historia reciente de la democracia española: ni mayorías absolutas ni seguridad de que gobierne el partido más votado. Las encuestas apuntan a que el partido más votado no rebasará el umbral del 30 por ciento y cualquier pacto para formar gobierno necesitará el concurso de al menos uno de dos actores que no existían en política nacional hace cuatro años, Podemos y Ciudadanos.

Podemos nació formalmente en marzo de 2014, fruto de los trabajos de un grupo de profesores de la Universidad Complutense y capitaneado por uno de ellos, Pablo Iglesias , curtido como tertuliano mordaz en las televisiones. Ciudadanos surgió a partir de una plataforma contra el independentismo en Cataluña y en 2006 eligió como presidente a un abogado de 26 años llamado a Albert Rivera. Aunque está en el Parlamento catalán desde 2006, en 2011 Ciudadanos ni siquiera se presentó a las generales. En 2016 Iglesias y Rivera serán diputados en la Carrera de San Jerónimo y uno de los dos puede tener la llave de la gobernabilidad.
Enfrente tendrán al presidente del Gobierno y del PP, Mariano Rajoy , el único candidato con opciones de llegar a la Moncloa de más de 45 años y el único que repite candidatura, y a Pedro Sánchez , el líder que el PSOE eligió hace menos de un año y medio para intentar colocarse en el lado de 'lo nuevo' y desterrar lo que el 15M llamó 'PPSOE'.La dureza de la crisis, el hartazgo ciudadano por los recortes y la percepción de que ha faltado firmeza contra la corrupción han abierto una brecha por la que se han colado los nuevos actores. Así que el PP, aunque se mantiene como primera fuerza en la mayoría de encuestas, no capitalizará el hecho de que bajo su Gobierno España ha dejado atrás la recesión y el PSOE no rentabilizará las cicatrices de precariedad que ha dejado la crisis con un resultado que le permita gobernar en solitario.

Pactarán quienes puedan, no quienes quieran

Con ese escenario en mente, los cuatro líderes políticos se miran de reojo y se emplazan públicamente a desvelar o descartar posibles pactos de Gobierno pero, como se demostró en las elecciones autonómicas de mayo, la clave, al final, serán los números y cómo queden repartidos los escaños. Pactarán quienes puedan, no quienes quieran.
El PP vio cómo en mayo varios pactos de izquierda le arrebataban gobiernos autonómicos en lugares donde fue la fuerza más votada -Castilla-La Mancha, Aragón y Baleares-, y desde entonces agita el temor a un "pacto de perdedores" también en el Congreso y afea al PSOE que haya pactado con los "radicales" de Podemos. Rajoy ha llegado a comprometerse a no intentar formar Gobierno si no es el más votado y exige a Sánchez que haga lo mismo, sin éxito.
El líder del PSOE pasó de proclamar que "nunca" pactaría con "el populismo" a llegar a acuerdos con Podemos en los parlamentos autonómicos. Ahora los socialistas parecen más proclives a un acuerdo con Ciudadanos -"no soy ningún radical", proclama Sánchez- y eso que, según las encuestas, los votantes preferirían un pacto con los de Pablo Iglesias. Ese es el pacto preferido por un 24 por ciento de los votantes, frente al 19,7 que apoya un PSOE-Ciudadanos, según una encuesta de Sigma Dos para Mediaset. PP-Ciudadanos es el favorito para u 22,5, por ciento.
De hecho, la irrupción del partido 'naranja' es para el PSOE y el PP a la vez un problema y un alivio. Un problema porque 'pesca' votos en el centro, donde se ganan las elecciones y entre los que reclaman regeneración. Un alivio porque ambos ven en él un socio potencial, que para el PP significa poder mantenerse en el Gobierno y para el PSOE arrebatárselo sin ser tildado de radical.
Los de Albert Rivera, que ya han pactado con el PSOE en Andalucía y con el PP en Madrid, mantienen un difícil equilibrio y han cumplido su promesa de no entrar en ningún Gobierno. Pero en esos pactos fueron clave, una vez más, los números. Ciudadanos pactó con el PP en Madrid porque un Gobierno del PSOE necesitaba, además, a Podemos, y los de Rivera rechazan el programa económico 'morado'.
Los 'populares', sin embargo, acusan a Ciudadanos de tratar al PSOE andaluz con guante de seda y con guantes de boxeo al PP madrileño. Desde Génova se defienden situando a Ciudadanos en el centro izquierda y oponiendo la experiencia de Rajoy y sus resultados a la inexperiencia, indefinición y recetas de 'laboratorio' de los 'naranjas'. Sólo desde la 'periferia' del partido instalada en FAES, su presidente de honor, José María Aznar, ha avisado de que Ciudadanos puede disputar la hegemonía del centroderecha.
Los de Albert Rivera están en su momento más dulce tras haber arrebatado a Podemos la bandera de la regeneración y al mismo tiempo sin ser un riesgo para el sistema.

El cielo, "por consenso"

"El cielo no se toma por consenso, se toma por asalto", proclamaba Iglesias hace un año en Vistalegre. A principios de 2015, pedía un debate cara a cara con Rajoy y reclamaba un adelanto electoral. Ahora, el partido ha admitido que no está en condiciones de ganar las elecciones y se ha marcado como objetivo el 'sorpasso' al PSOE. Es más, Iglesias insiste en que sólo pactará con los socialistas si es para que le apoyen a él.
Desde las elecciones europeas, las encuestas han sido una montaña rusa. La última del CIS, el pasado julio, situaba al PP en una intención de voto del 28,2 por ciento y al PSOE en el 24,9, mientras que Podemos tendría un 15,7 por ciento y Ciudadanos un 11,1. Desde entonces, los sondeos posteriores han llevado a los de Albert Rivera a ser tercera fuerza mientras que Podemos sigue perdiendo fuelle desde que en enero logró superar al PSOE como segunda fuerza, incluso fue primera en intención directa de voto.
Iglesias ha fracasado, al menos de momento, en su intención de convertir Podemos en una fuerza transversal y ha quedado situado a la izquierda. El partido ha acusado también la ambigüedad de sus propuestas, el desgaste interno por el modelo de partido y la fracasada convergencia con IU y la polémica en torno de los ingresos de su cofundador, Juan Carlos Monedero, por los pagos que recibió de Venezuela y cómo tributó por ellos.
Podemos sufrió no dio la sorpresa en las elecciones autonómicas y no ha capitalizado los gobiernos locales de las candidaturas de unidad popular que patrocinó. A eso se sumó la ruptura de su referente, Syriza, al tener que aceptar las condiciones de rescate de Bruselas. Y, después del verano, su mal resultado en las elecciones catalanas que, en cambio, impulsaron a Ciudadanos a modo de "parrilla salida" (en expresión de Podemos) de cara a las generales.
Por el camino, las víctimas del ascenso de estos nuevos líderes han sido los partidos que llevan años combatiendo el bipartidismo: IU, arrasada por Podemos en las municipales y autonómicas, y UPyD, remplazada por Ciudadanos después de fracasar las negociaciones para colaborar. Al final, quienes los sustituyen pueden acabar apuntalando al PP o al PSOE.