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Cuatro años del cese de la actividad armada de ETA

Hoy hace 4 años que ETA anunciaba que dejaba de matar. Durante más de medio siglo sus pistolas, sus bombas y sus extorsiones han convulsionado la sociedad y destrozado para siempre la vida de muchas familias. Aquellos encapuchados que hoy hace cuatro años anunciaron el cese definitivo de la actividad armada de ETA están desde el descabezamiento de la banda, hace escasamente un mes, a la vista de todos. La Operación Pardines, muy cerca de la frontera francesa con Navarra, ponía nombre y rostro a la última cúpula etarra: David Pla e Iratxe Sorzabal, los dos últimos interlocutores que han perdido un tiempo precioso en materializar una salida adecuada. Sainetes ridículos como el anuncio de desarme en Burdeos con un puñado de armas y explosivos en cajas de cartón  bajo la mirada de los verificadores internacionales generaron una frustración total entre nacionalistas y abertzales. El verano de 2014, ETA aseguraba en un comunicado que había procedido al sellado de zulos. Pero ni una palabra sobre disolución. Huidos, escondidos, con identidades falsas o en el monte quedan pocos. El gobierno se mantiene firme, sin cesiones. Acusados de inmovilismo con ejemplos recientes como el fracaso de la moción para un diálogo con todos de la ya expresidenta del PP vasco. Arantxa Quiroga. En el camino quedan quiénes pretenden dar pasos hacia la normalización del conflicto y 857 víctimas en más de medio siglo de actividad. La sociedad, sin embargo, va por delante de la política.