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El juez Castro controlará la venta del palacete de Pedralbes de los Duques de Palma

Cuentan que un día el rey Juan Carlos le achacó a su yerno, medio en broma medio en serio, por qué tenía viviendo a su hija menor en un piso, por bueno que fuera. Cuentan que aquello tocó el orgullo de Urdangarin y se puso, nunca mejor dicho, manos a la obra. Quizás un chalet de alto “standing” en la mejor zona de Barcelona, conocido desde entonces como el palacete de Pedralbes, fuera la solución pero posiblemente se convirtió en el principio de todos sus problemas. La compra fue cara y gastaron más de cuatro millones en reformas. El rey les hizo un préstamo, pero era mucho dinero. A pesar de que el banco les permitió una carencia de cuatro años empezaron los problemas. Se abrió el sumario de Noos y se cerraron las ventanas. Los Urdangarin se marcharon a EEUU un par de años, después visitas a España y refugio, buscando paz e intimidad, en Ginebra. Entre tanto, el juez embarga la mitad del palacete, la parte propiedad de Urdangarin, para asegurar el depósito de la primera fianza civil impuesta al duque de más de 6 millones. Los Urdangarin deciden entonces hace año y medio como cualquier español colgar el cartel de se vende en un portal de internet inmobiliario. Piden 10 millones pero habrían cerrado el trato por menos de seis millones. El juez Castro ya está informado. Controlará el dinero de la venta pero ni siquiera cubre la mitad de las fianzas de la pareja de más de quince millones de euros.