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Ángel Gabilondo: ¡vale!

Ni tiene el don de gentes de Pedro Sánchez, ni el entusiasmo gimnástico de Carmona. Lo suyo (besos, contados; gestos, los justos y aún un poco ortopédicos), lo suyo es otra cosa. Ángel Gabilondo no es un político al uso y lo sabe. Enfrentado, pues, al día del bautismo, lo hizo a su estilo.

Aquí un poco de sentido común, “no es la sociedad para el partido, sino el partido para la sociedad”, allá una pizca de sentido del humor y llegado el momento y venido arriba, la cátedra tira al monte, una cita de Kant: “La honradez es la mejor política”. Aplausos a rabiar. El público en pié. Gritos de presidente, presidente. Quien lo iba a decir: Kant ovacionado en un mitin.

Gabilondo que se lanza: dijo una cita pero, la casa por la ventana, luego fueron dos. “¿Cuál es la última palabra del Quijote?”, se arriesga a preguntar al auditorio. La palabra es “vale”, responde él. Y lo explica: “nos dice que tengamos fuerza y valor”.

Candidato sin carné, más de estrado que de escenario, más de aula que de pabellón. Le faltan tablas, pero, por el mismo precio, de su primer gran mitin se lleva un grito guerra: ¡Vale! O incluso "Gabilondo vale", un posible slogan.