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La operación con la que hubiera soñado el pirata Barbaroja

Las ruinas de la Colomera, una torre medieval construida para alertar de la llegada del famoso pirata Barbaroja, sirvieron de imagen a una promotora castellonense, Costa Bellver. Su trayectoria es también para algunos una historia de piratas y saqueos. Se fundó en 1988 y durante años se nutrió de las ventas de parcelas, apartamentos y villas junto a la costa de Les Platjetes de Bellver (Oropesa del Mar). Un lugar se hizo mucho más conocido cuando el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, empezó a veranear allí. Los promotores hasta construyeron un club de pádel, uno de los deportes favoritos del ex presidente.

A la empresa le fue bien, como a casi todas, hasta que estalló la crisis. Sin embargo, en pleno 2009, con la inmobiliaria ya en pérdidas y los precios en caída, Bancaja y Banco de Valencia decidieron comprar acciones de Costa Bellver por 116 millones de euros. Se convirtieron así en los accionistas mayoritarios de la promotora. La versión oficial para justificar la compra era que Bancaja, a su vez accionista mayoritario del Banco de Valencia, quería crear una gran inmobiliaria en la provincia de Castellón, la pata que le faltaba para completar toda la Comunidad Valenciana.
“En el año 2009 este país ya estaba patas arriba en el tema inmobiliario y fiel reflejo de que eso era así es que en las cuentas de Bancaja de ese año ya se refleja una pérdida de valor por la inversión en Costa Bellver", explica Diego Muñoz, abogado de los accionistas minoritarios del Banco de Valencia. Las cuentas de la caja valenciana, que gastó 65 millones en esta operación, ya reflejaban en 2009, 13 millones de provisiones por esta inversión.
La cuestión no es solo que se eligiera un mal momento para entrar en Costa Bellver, sino que además, según los informes del caso, Bancaja y Banco de Valencia pagaron tres veces más de lo que valía teóricamente su participación. Lo hicieron apoyados en una tasación realizada por una empresa “no oficial” y que se limitó a valorar el 40% de los terrenos de la promotora.
 “Nadie compra nada por 110 millones de euros sin informes de expertos, sin valoraciones exhaustivas… Todo es no lo hemos visto. Aquí se tomaba una decisión por alguien en una cúpula y no se daba una explicación convincente de por qué se hacía esto”, denuncia Muñoz.
Costa Bellver es una de las 47 operaciones que los nuevos gestores de Bankia han denunciado ante la Fiscalía. No solo porque se duda de que tuviera “racionabilidad económica”, sino porque se sospecha que oculta sobornos a dos ex directivos de las entidades.
Los informes legales han detectado dos transferencias en febrero de 2010 por un importe de 2 millones cada una a una cuenta de la sociedad IZPA, vinculada al entorno de Domingo Parra, Consejero Delegado del Banco de Valencia y de  Aurelio Izquierdo, director general entonces de Bancaja. Al trazar su origen, se ha comprobado que vienen, a través de dos empresas, de Eugenio Calabuig Gimeno, gran beneficiado en la operación Costa Bellver: él y su familia ingresaron 96 millones cuando vendieron sus acciones de la promotora  a los bancos en 2009.
Cae Banco de Valencia
Banco de Valencia terminó intervenido por el Banco de España el 21 de noviembre de 2011, un día después de las elecciones generales. El FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) tuvo que inyectar a una entidad que en teoría tenía beneficios, 4.500 millones de euros. A los dos años se vendió a La Caixa por un euro.
Los pequeños accionistas fueron los primeros en denunciar la mala administración de la entidad. El Estado se sumó a esta denuncia cuando analizó las cuentas. La caída del Banco de Valencia, “la joya de Bancaja”, según el presidente de ambas entidades, José Luis Olivas, fue premonitoria de lo que seis meses después pasaría con Bankia.
El informe pericial de los peritos del Banco de España sobre Bankia asegura que las cuentas con las que la entidad salió a bolsa en 2011 estaban mal porque no reflejaba “la situación fiel” y señalan a Costa Bellver como uno de los errores en esas cuentas. Porque los terrenos de la promotora no valían lo que decían los libros. Valían mucho menos. Como muchas otras participaciones de Bankia, ahora está a la venta por un precio muy inferior al que costó. Las pérdidas se han quedado en tierra: se las ha quedado el contribuyente.