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Los 27 debaten el cambio del Tratado de Lisboa

Los jefes de Estado y de Gobierno afrontan divididos en la cumbre que comienza en Bruselas la exigencia de Alemania, que cuenta con el respaldo de Francia, de cambiar el Tratado para endurecer la disciplina fiscal y evitar que se repitan nuevas crisis de deuda como la que ha afectado a Grecia, España, Portugal e Irlanda.
Pese a que persiste "mucha controversia y desacuerdo" sobre la propuesta de Berlín, que ha sido calificada por la Comisión de "irresponsable" por "abrir la caja de Pandora", lo más probable es que los Veintisiete acaben cediendo a las presiones de la canciller Angela Merkel y acepten una "minireforma" del Tratado, han informado fuentes diplomáticas.
Los cambios se limitarán convertir en permanente el fondo de rescate de 750.000 millones de euros creado el pasado mayo para los países con problemas para refinanciar su deuda, y que caduca en tres años. Para ello, los líderes europeos encargarán al presidente permanente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, que presente propuestas en marzo de 2011.
La posible nueva reforma del Tratado centrará un Consejo Europeo en el que los jefes de Estado y de Gobierno ratificarán, pese a las críticas del Banco Central Europeo (BCE), el nuevo sistema de sanciones para los países con déficit y desequilibrios excesivos, que suaviza las propuestas originales de Bruselas. Y pedirán que las propuestas legislativas para llevarlas a la práctica se aprueben como muy tarde en verano de 2011.
El presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, que estará presente en la cumbre, era uno de los más duros defendiendo sanciones estrictas y se ha negado a suscribir el acuerdo alcanzado la semana pasada por los ministros de Economía de la UE.
La reforma del Tratado es la contrapartida que ha exigido Alemania a cambio de flexibilizar las sanciones contra los países con déficit excesivo para que su activación no sea automática, como reclamaba Bruselas, sino que dependa de una decisión política de los ministros de Economía de la UE, postura defendida por Francia, España o Italia.
En concreto, Berlín, que obtuvo el apoyo de Francia mediante una declaración conjunta hecha pública en Deauville la semana pasada, reclama cambiar el Tratado para convertir en permanente el fondo de rescate, pero incluyendo además la posibilidad de quiebras controladas de los Estados, algo que tampoco gusta al BCE; y para suspender el derecho de voto en las decisiones de la UE a los países reincidentes en la indisciplina fiscal.
"El nuevo mecanismo de rescate tiene que ser jurídicamente sólido. Ello sólo tendrá éxito si hay un cambio en el Tratado de la UE", ha repetido de nuevo este miércoles la canciller Angela Merkel en una comparecencia ante el Bundestag.
Sin embargo, la mayoría de los Estados miembros, la Comisión e incluso el presidente permanente del Consejo Europeo, recelan de una nueva reforma cuando hace menos de un año que entró en vigor el Tratado de Lisboa, que tardó 10 años en ver la luz y tropezó durante su proceso de ratificación con referendos negativos en sus diferentes versiones en Francia, Países Bajos e Irlanda.