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Piojos de mar: resolvemos el misterio

El caso de Sam Kanizay, el adolescente australiano que salió con los pies ensangrentados del agua, está resuelto. Fue atacado por unos anfípodos denominados Lysianassid, unos crustáceaos limpiadores que se encuentran en todos los mares y que a priori solo se alimentan de organismos en descomposición.

Denominados también ‘piojos de mar’, estos lisianásidos son unos invertebrados marinos que suelen medir entre unos milímetros y no más de 4 centímetros, pero atacan como pirañas. Y nunca van solos, si no que se mueven y atacan en forma de enjambre en un ataque masivo. Su cuerpo es aplanado, no tienen espinas laterales y su cabeza se encuentra unida al tórax. En ella tienen dos pequeñas antenas no muy largas que usan para orientarse. Sus dientes están diseñados para morder y cazar a aquellos que perturben su espacio.
No son ningún monstruo marino, más bien son inofensivos: Conviven con los bañistas en el agua de todas las playas aunque casi nadie se haya dado cuenta. Normalmente la persona se da cuenta de la pequeña y molesta mordida del crustáceo y lo aparta sin darle mayor importancia. Pero el caso de este joven australiano es como no darse cuenta de la picadura de cientos de mosquitos. Nadie permitiría que se alimentasen de su brazo durante media hora.
Sam Kanizay tuvo una sucesión de desafortunados acontecimientos que le llevaron a tal trágico desenlace. Según explica la bióloga marina Genefor Walker-Smith en un programa de radio de la cadena australiana ABC, “Sam debe haber caminado sobre un grupo que se estaba alimentando de algo. Puede haber golpeado un cangrejo muerto y los provocó”. Reafirma que estos crustáceos son inofensivos porque se alimentan tan solo de los organismos en descomposición que se encuentran, y por ello son esenciales en el ecosistema marino, si no el mar estaría plagado de peces y pájaros muertos.
Como Sam no se movió durante una media hora, estas criaturas se pegaron a la carne de las piernas del joven, y como sus pies estaban helados por el agua fría, estas criaturas carroñeras confundieron la piel de Sam con algo sin vida. Además como se le entumecieron no sintió ningún dolor ni molestia cuando le empezaron a ‘atacar’.  “Fue una desafortunada casualidad, ya que normalmente no atacan a los humanos” concluye la bióloga.
La hemorragia que causaron esas pequeñas mordeduras fue debida al anticoagulante liberado por los lisianásidos, pero no tienen ninguna propiedad venenosa, ni los daños de los mordiscos son irreversibles. Asi que a pesar del abundante sangrado que se ve en las fotografías del hospital, probablemente este joven de 16 años se encuentre jugando al fútbol en unas dos semanas.
Las mordeduras que propinan estos piojos marinos producen un enrojecimiento de la piel que va acompañado de un intenso quemazón, picor o incluso hinchazón de la piel. Pero no son heridas severas ni irreversibles.