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El Museo de Arte Moderno expondrá la obra póstuma inacabada del pintor húngaro István Sandorfi

El Museo Europeo de Arte Moderno (Meam) en Barcelona ha presentado la retrospectiva 'La pintura nunca muere' en la que expone la obra póstuma inacabada del pintor húngaro István Sandorfi --Étienne, en francés-- y que se encuentra junto a una reproducción de su taller con piezas auténticas.
Sandorfi fue, como ha explicado este viernes en rueda de prensa el director del Meam, Jose Manuel Infiesta, un hombre encerrado en sí mismo que no escuchaba a la sociedad, al que no le interesaba la crítica de arte ni las galerías.
El artista trabajaba por las noches, durante siete días a la semana y elaboró una obra propia muy personal, y este puede ser "el motivo por el que es muy seguido por los artistas pero desconocido por el gran público", admite Infiesta.
La retrospectiva cuenta con 140 obras que han sido reunidas expresamente para la muestra en el Palau Gomis, y casi todos los cuadros provienen de colecciones privadas de coleccionistas de arte y para las que ha hecho falta ponerse en contacto a través de terceros, en algunos casos, la hija de Sandorfi, Ange.
Húngaro de nacimiento --en 1948--, fue uno de los inmigrantes que huyeron de los carros blindados soviéticos en Budapest en 1956, se refugió en la Alemania de la postguerra, y finalmente se trasladó a París, ciudad en la que vivió hasta su muerte en 2007.
Practicó una pintura volcada en sí mismo, en muchos casos con autorretratos, como el que realizó con 25 años, 'Autoportrait posthume', en el que se muestra a sí mismo como si estuviera muerto.
Sus hijas, Ange y Eve, y su mujer, Denise, son las protagonistas de muchas de sus obras en las que aparecen atmósferas oscuras y rosadas con degradados y objetos junto a los retratos hiperrealistas.
En la muestra están expuestos también los primeros dibujos que Sandorfi realizaba cuando se aburría en clase, y el primer cuadro que realizó siendo un niño 'Collage à l'encre et au sang'.
LA EVOLUCIÓN DE SU ESTILO
En la segunda mitad de su carrera evolucionó a una factura más dulce, introduciendo una paleta de color de una riqueza mucho mayor y recreándose en los cuerpos de sus modelos en el estudio, envueltas en sábanas y mantas.
La exposición se completa con una reproducción del taller de Sandorfi lleno de piezas auténticas como su caballete de madera y con la obra póstuma que dejó inacabada delante de su taburete, como se aprecia en una fotografía que hay del taller del artista.
Sus botas de 'cowboy', sus paletas, sus pinceles, sus colores, sus máquinas de diapositivas y fotografías personales son algunos de los objetos que se podrán ver hasta dentro de dos meses en el museo, con la intención de que al fin se conozca a "uno de los artistas europeos más representativos de la transición de mediados del siglo XX al siglo XXI".