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El Madrid de los 80 inspira a Felipe Serrano en 'La Flor del Magnolio', una trama de los negocios oscuros con diamantes

El periodista Felipe Serrano ha presentado su último trabajo, 'La Flor del Magnolio', una novela inspirada en el Madrid de los 80, que narra la obsesión de un exinspector de Policía con la desaparición en extrañas circunstancias de Rubí, una trabajadora de un club de alterne, con los negocios oscuros de los diamantes como telón de fondo.
Serrano ha presentado su libro editado por Playa de Ákaba este lunes en la Asociación de la Prensa, acompañado del director gerente de la Fundación Alternativas, Carlos Carnero, y de la editora Noemí Trujillo. Carnero puso el acento en ese Madrid de los 70 y 80, "tan poco escrito y descrito" y cómo Serrano, con una larga trayectoria en la información local de Madrid, se adentra en la capital de esos años demostrando que lo conoce "como la palma de su mano".
A la hora de describir la novela, Carnero considera que no se puede decir que sea "una novela negra, ni romántica ni costumbrista". "Es todo eso al mismo tiempo y es un logro del autor", ha indicado, al tiempo que ha defendido que la historia que cuenta es "creíble", porque "pudo perfectamente haber sucedido" o "puede seguir sucediendo".
Serrano se ha centrado en sus personajes, que son los encargados, en su opinión, de escribir la novela. "Quería ir a la realidad cotidiana y, sin embargo, hay muchas cosas de mí", ha confesado el autor, que haciendo un examen "exhaustivo" encuentra en la novela guiños a su vida y a sus gustos, como su pasado de camarero, su profesión de periodista o su pasión por los árboles.
'La Flor del Magnolio' arranca en 1989, cuando el exinspector Santos Senabre escucha en la radio que durante las obras de rehabilitación para construir la sede del Banco Santander en el Paseo de la Castellana de Madrid, aparecen unos restos mortales. Se trata de una antigua sala de fiestas (Alazán), cerrada por un incendio en 1976 y reabierta como club de alterne un año más tarde.
Inicialmente, los datos que escucha son escasos y bastante confusos, pero el expolicía conoce con certeza la identidad del cadáver. Años antes se había dedicado en cuerpo y alma a investigar la extraña desaparición de Rubí, trabajadora de Alazán y llega a la conclusión, aunque no lo puede probar, de que ha sido don Álvaro, el dueño del club, el que la hizo desaparecer para evitar que contara todo lo que sabe de sus oscuros negocios.
En este punto, toman protagonismo las joyas: don Álvaro se había desplazado a Amberes en 1977 para conseguir piedras preciosas falsas con el fin de hacerlas pasar por auténticas sin grandes dificultades, un trabajo que no hace solo, pues se asocia con un mercader de diamantes y mafioso, que acabará dándole problemas.
No falta la historia de amor, que aparece cuando don Álvaro quiso embaucar a Santiago Salgado, un prestigioso joyero que se negó a certificar el fraude. Su hija, Adela Salgado, gemóloga, sospecha que la posterior muerte de su padre no fue por causas naturales y pide ayuda a Santos Senabre, que acaba enamorándose de ella.
MADRID, UNO DE LOS ESCENARIOS
Madrid es uno de los escenarios principales de la novela, junto a Amberes además de Bruselas y la localidad de Herencia, en Ciudad Real. De este modo, el lector podrá hacerse una idea de cómo viven los personajes en las calles Espalter, Amnistía o Apodaca, cómo se entretienen con las chicas de Alazán o frecuentan el salón de arriba de La Mallorquina.
También acuden a Balmoral o Embassy, visitan los clubes de la calle Ballesta o la joyería Grassy, ubicada en Gran Vía 1; comen en el exclusivo Horcher o en la taberna Malacatín; adquieren algún producto químico en la tienda de Manuel Riesgo; o pasean por la plaza de Murillo.
Asimismo, descubren el infierno en el desaparecido poblado chabolista de Los Focos, en Vicálvaro; trabajan en la plaza de Pontejos o en las Galerías Piquer del Rastro, visitan el convento de las Siervas de María, en Chamberí; o descubren selectos jardines, como el del Ritz, u otros más escondidos o secretos, como el del Museo Romántico o el Huerto de Las Monjas.
En Amberes, don Álvaro Dueñas se queda extasiado en la gran Estación Central de trenes; deambula, igualmente embelesado, por la 'milla del diamante', la calle Meir, el puerto o el 'barrio de los marineros'; o come en el restaurante Het Nieuwe Palinghuis, en la plaza Sint-Jansvliet, para atravesar luego el túnel de Santa Ana, bajo el río Escalda.