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A. Vázquez Figueroa: "Es más posible que desaparezca Internet a que lo hagan los periódicos"

Alberto Vázquez FigueroaMaryorie González
En la estantería del novelista figuran alrededor de 80 libros, muchos de ellos, como su novela cumbre "Tuareg", traducidos a casi todos los idiomas. En su último libro "Saud, el leopardo" retorna a su amado desierto, pero esta vez al de Arabia Saudita. Aún no se ha puesto en venta, pero ya se encuentra disponible en Internet para ser leído por todo el mundo.
¿El hecho de publicar sus novelas en Internet es una nueva forma de subirse al tren de las nuevas tecnologías para llegar hasta las generaciones más jóvenes?
Al publicar mis novelas en Internet, al alcance de todos, lo que he pretendido es que me leyera gente que no tenía los medios para ello, y no me refiero sólo al punto de vista económico. No es solamente que la gente pueda descargar gratis mis libros en Internet porque no tiene dinero para comprarlos, sino también para paliar esos problemas de distancia geográfica. Siempre hay lectores a los que no le llegan mis libros. A mi me piden libros desde Pakistán, Afganistán, EEUU y desde países sudamericanos donde tardan mucho en llegar. Publicar los libros en Internet también alude a cuestiones físicas, de pronto descubro que me leen todos los ciegos, me piden el libro, se lo mando por Internet y su ordenador se lo lee, incluso tengo libros ya grabados con mi voz. Me parece que la literatura debe estar al alcance de todo el mundo. Además, ha surgido el efecto contrario, mis libros se venden más.
¿Le ha costado mucho lograr el éxito?
Como escritor se supone que he tenido éxito y además relativamente joven. Pero he tardado veinte tantos años y he publicado muchísimos libros antes de empezar a ganar dinero. He vivido muchas experiencias antes, fui submarinista, corresponsal de guerra, cazador, menos gigoló he hecho de todo, y un buen día empecé a tener éxito.
Asistimos a una época en la que el periodismo impreso debe lidiar con Internet, que cada vez gana más terreno ¿piensa que las bondades de la red acabarán con eclipsar a la prensa escrita? ¿asistimos a una metamorfosis necesaria de la profesión tal y como afirma Gillins?
Está claro que habrá cambios, en los libros por ejemplo, lo que desaparecerán serán las enciclopedias. Internet te da mucha más información, más rápida y eficaz. Los periódicos irán evolucionando, pero lo que es ilógico es hacer esas apreciaciones, porque no sabemos lo que puede ocurrir dentro de tres o cuatro años, y si se va a descubrir algo nuevo de lo cual no tenemos idea, que va a venir a trastocarlo todo. A lo mejor es más probable que desaparezca Internet a que lo haga la prensa. Esto se explica porque todas las nuevas tecnologías están hechas a base de una especie de mineral llamado coltán y éste es muy escaso, al ritmo que estamos gastándolo es muy posible que dentro de cinco años no quede ya coltán en el mundo y no hay otro producto que pueda sustituirle. Por lo que toda esta tecnología desaparecerá y se volverá al papel, habrá un retroceso. En el Congo están el 80 por ciento de las reservas del mundo y se están agotando a gran velocidad. Nadie se plantea la pregunta contraria ¿y si lo que desparece es Internet? Esto sería un retroceso enorme porque hemos basado todas nuestras tecnologías en algo que está en manos de unos niños que extraen desde el fango las pequeñas piedrecitas. Si se basa todo en algo que se va a acabar, hay que preocuparse en qué pasará cuando esto pase.
Es bien sabido que sus novelas figuran entre las favoritas por los presidiarios, ¿por qué piensa que su literatura es tan aplaudida entre este colectivo? ¿mantiene relación con alguno?
Esto es así porque mi literatura es de evasión, pero todavía nadie ha conseguido poner los libros uno encima de otro y evadirse de la cárcel. Me leen mucho los presos, los marinos, y he recibido muchas cartas de ellos. Suelo dar diferentes conferencias en las cárceles. Me acuerdo de una vez que fui a una penitenciaría de mujeres en Valencia y había una chica que me miraba un poco raro, me hizo algunas preguntas, estuvimos merendando y luego me enteré que era la principal asesina de la ETA. Pero bueno, me llevo bien con los presos, también voy a centros de rehabilitación para los toxicómanos como Proyecto Hombre, les llevo libros y charlo con ellos, además echamos muchas bromas y contamos chistes.
Queda claro que "Tuareg" es su novela favorita pero ¿hay alguna obra de la que piense que no tuvo que llegar a escribir nunca?
Tengo 80 libros de los cuales 70 son muy malos, a mi no me gusta hablar mucho de la literatura, no entiendo de ella, soy el único que tiene 80 libros para demostrarlo.
¿Ser un superventas es ya de por sí un gran premio para usted?
Yo no quiero ningún tipo de premio, he rechazado muchos premios. Si me dan los premios me desgracian. De los 100 millones de pesetas que consigues con el premio, Hacienda se lleva el 50 por ciento. Al final quien hace el negocio es Hacienda. Me tienen tres meses presentando y firmando libros y además la gente dirá que ese es mi peor libro. En definitiva es el negocio peor del mundo, el de las cabras, pierdes tiempo y dinero. De toda la gente que le han dado premios importantes los lectores no se acuerdan ni de cuatro. El prestigio del premio te dura tres meses y mis libros llevan 50 años vendiéndose, hay libros como "Manaos", "Arena y Viento", como la serie de "Océanos", "Yaiza", "Cienfuegos", etc, que llevan toda la vida vendiéndose y eso es lo que interesa. A mi lo que me importa de verdad es que cada mes se reediten diez, doce libros. Por ejemplo, "Tuareg" lleva 84 ediciones y en alemán más de 100. Cuando empecé a ser conocido me di cuenta de que me interesaba más ser un escritor de largo recorrido que un famosillo. Si te pones de moda, pasas de moda, interesa más ser un clásico que una moda.
¿El proyecto de la desaladora es del que más orgulloso te sientes?
Si, por una sencilla razón, de todos mis libros si nadie hubiera leído ninguno, no pasa nada, pero cada minuto muere un niño por falta de agua, si yo consigo que una cuarta parte de esos niños no mueran, esto si que importa, sería una gran razón de haber vivido. El proyecto de la desaladora me ha costado la ruina, podía haber seguido como estaba, pero eso forma parte de la vida que he elegido, hay que ser consecuente con un mismo.
En muchos de sus libros, el mar, la selva o el desierto son grandes protagonistas, pero parece ser que este último es su gran pasión ¿qué es lo que tiene el desierto que no tenga el mar?
El desierto es mágico, pero también me apasiona el mar. He vivido mucho en los desiertos, en el mar, pero también en la selva. Cada uno tiene su encanto. Pero si es verdad que el desierto es un lugar maravilloso, recuerdo de mi niñez, allí fui muy feliz durante muchos años y suelo volver con mucha frecuencia. Pero de una forma u otra siempre estoy en contacto con el mar, estuve en un buque escuela navegando dos años y di la vuelta al mundo en un pequeño velero, me lo pasé muy bien durante ese tiempo.
¿Qué época de su vida recuerda con mayor nostalgia?
Mi mejor época fue la de corresponsal de guerra, empecé a los 25 años. Me gustaba mucho esta vida. Está claro que se corre un grave peligro pero yo estaba allí porque quería, ningún periódico te obliga a ser corresponsal de guerra. El oficio tiene sus riesgos pero como también los tiene ser torero o corredor de automóviles. Vivía mi propia novela. Con 22 años me sumergí en un lago a dos grados de temperatura y extraje desde su profundo y embarrado fondo, cientos de cadáveres que se me deshacían en cuanto los tocaba, fueron momentos en los que temí realmente por mi vida. Esto es así, lo que importa es haber sobrevivido a todo esto y si has aceptado que ésta es tu forma de vivir, también tienes que consentir que unas veces estés en la cumbre y otras en la ruina. En un momento determinado, llega la ocasión de decidir que camino seguir, que es lo que va con tu personalidad. Conozco mucha gente que se ha pasado toda su vida trabajando y ahora con la crisis lo han perdido todo.