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La Opinión de Gabilondo: 31 de marzo

"Garzón acusa al tesorero del PP, Luis Bárcena, de implicación en la trama de corrupción y cuantifica esa implicación: cobró un millón trescientos cincuenta mil euros en sobornos"
"Hace una hora, Garzón ha pasado a mayores en el caso Gürtel. Acusa al tesorero del PP, Luis Bárcena, de implicación en la trama de corrupción y cuantifica esa implicación: cobró un millón trescientos cincuenta mil euros en sobornos. Asimismo, señala al eurodiputado del PP Gerardo Galeote. Percibió de la red dirigida por Francisco Correa seiscientos veinticinco mil euros. Son los datos que incluye en el auto por el cual el juez remite la causa al Tribunal Superior de Justicia de Madrid. Es una noticia caliente, por lo reciente, y abrasadora por su importancia. Todo el mundo es inocente mientras no se demuestre lo contrario, por supuesto, pero con esta noticia el caso Gürtel no es que salpique al partido de Rajoy, es que puede enterrarle en el barro. Hasta ahora, el PP ha ido eludiendo con soltura y descaro la serie de sospechas que flotaban a su alrededor. Con soltura, por la enorme naturalidad con que Mariano Rajoy despejaba a córner cualquier balón comprometido. Con descaro, en los casos de Esperanza Aguirre y Francisco Camps, dos políticos sin complejos, que se quitaron de encima espías y sastres con una frescura que no está al alcance de cualquier mortal. Hasta ahora, Mariano Rajoy escurría el bulto, paradójicamente, por sobreactuación. Innecesarias fotos de familia, en plan los Santos Inocentes, y contraataque a cañonazos contra el juez. Esto de ahora puede ser diferente porque apunta a la Santabárbara del partido. Y es probable que Rajoy, cuyas posibilidades siempre crecen cuando se modera, se esté arrepintiendo de no haberse hecho a un lado, sin alboroto, esperando que actuara la justicia. Que es lo que le convendría hacer ahora, aunque no nos extrañaría demasiado que en su partido haya quien prefiera intensificar la tamborrada. Esperemos. Mientras, comprobamos una vez más que Baltasar Garzón es duro, implacable como una apisonadora cuesta abajo. Y Obama acaba de llegar a Londres."