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La Opinión de Gabilondo: 2 de abril

"Los problemas del planeta solo admiten soluciones colectivas, una vez en el basurero de la historia Bush y los neocons, la verdad es sustituida por las verdades"
Los acuerdos del G-20 podrán ser eficaces o no serlo, el tiempo lo dirá. Ya expresamos ayer nuestra reserva, si no se cuestiona el modelo, si solo se mejora la seguridad del mismo, no actuaremos sobre la enfermedad, sino solo sobre sus síntomas más aparatosos, pero en todo caso, la reunión en si misma constituye un gigantesco paso adelante.
Es la consagración de un foro que destruye viejas jerarquías y reconoce la realidad de nuevos poderes en el mundo, no parece probable que vaya a ser coyuntural. La convocaba la crisis financiera, pero no creemos que Brasil, India, etc. acepten a partir de ahora otro papel que no sea el que han tenido en Londres. Protagonistas, interlocutores de igual a igual, si la materia de que se trate es de carácter global. Así pues, mientras se hablaba de regulación bancaria, de paraísos fiscales y de proteccionismo, se estaba alumbrando la realidad multilateral. Obama se aceptaba como "primus internares", "primus", si se quiere, pero desde luego "internares".
Los problemas del planeta solo admiten soluciones colectivas, una vez en el basurero de la historia Bush y los Neocons, la verdad es sustituida por las verdades. Cabe lamentar dos cosas, la parálisis política europea, que nos ha impedido comparecer con una única y potente voz., y la ausencia de representación de una inmensa muchedumbre. Los reunidos en Londres poseen el ochenta y cinco por ciento de la riqueza mundial, los que poseen el quince por ciento restantes son el cuarenta por ciento de la población del planeta y no han estado en Londres.
Por lo que se refiere a España, hay que aplaudir los esfuerzos de Zapatero para integrar a nuestro país en el grupo, y hay que felicitarse porque haya podido jugar un papel activo en la cumbre. Como es tradición, le ha acompañado desde aquí ese grasiento pitorreo de la España zaragatera y triste, a la que solo le entretienen las catástrofes.