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La OMS avisa de que cada año mueren más de 424.000 personas en el mundo como consecuencia de una caída

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha avisado de que cada año se producen en el mundo alrededor de 37,6 millones de caídas, las cuales se cobran la vida de unas 424.000 personas, especialmente en mayores de 60 años que viven en países de bajos y medios ingresos como, por ejemplo, en las Regiones del Pacífico Occidental y Asia Sudoriental.
Las caídas se definen como acontecimientos involuntarios que hacen perder el equilibrio y dar con el cuerpo en tierra u otra superficie firme que lo detenga. Se trata, según la OMS, de un "importante" problema de salud pública ya que suponen la segunda causa mundial de fallecimiento por lesiones no intencionales, por detrás de los traumatismos causados por el tránsito.
Estas caídas requieren atención médica y suponen la pérdida de más de 17 millones de años de vida ajustados en función de la discapacidad (AVAD). En concreto, la mayor morbilidad corresponde a los mayores de 65 años, a los jóvenes de 15 a 29 años y a los menores de 15 años.
Ahora bien, cerca de un 40 por ciento de los AVAD perdidos en todo el mundo debido a las caídas corresponden a los niños, si bien la OMS ha avisado de que es posible que este parámetro no refleje con exactitud el impacto de las discapacidades relacionadas con las caídas en las personas mayores, que tienen menos años de vida que perder. Además, quienes padecen discapacidad a causa de las caídas, y en particular los ancianos, corren más riesgo de necesitar atención a largo plazo e ingreso en alguna institución.
Aunque las caídas conllevan un riesgo de lesión en todas las personas, la edad, sexo y estado de salud pueden influir en el tipo de lesión y su gravedad. De hecho, la edad es uno de los principales factores de riesgo de las caídas, siendo los ancianos los que corren mayor riesgo de muerte o lesión grave por caídas.
Por ejemplo, en Estados Unidos entre un 20 y un 30 por ciento de las personas mayores que se caen sufren lesiones moderadas o graves, tales como hematomas, fracturas de cadera o traumatismos craneoencefálicos. La magnitud del riesgo puede deberse, al menos en parte, a los trastornos físicos, sensoriales y cognitivos relacionados con el envejecimiento, así como a la falta de adaptación del entorno a las necesidades de la población de edad avanzada.
Otro grupo de riesgo es el formado por los niños, cuyas caídas se deben en gran parte a su estado de desarrollo, a su curiosidad innata y al aumento de su nivel de independencia, que les lleva a adoptar conductas de más riesgo. En este sentido, la OMS ha comentado que, aunque la supervisión "insuficiente" de los adultos es un factor citado frecuentemente, las circunstancias suelen ser "complejas" y hay interacciones con la pobreza, la monoparentalidad y los entornos particularmente peligrosos.
LOS HOMBRES TIENEN UN MAYOR RIESGO DE SUFRIR CAÍDAS MORTALES
Por otra parte, ambos sexos corren el riesgo de sufrir caídas en todos los grupos de edad y todas las regiones, si bien en algunos países se ha observado que los hombres tienen mayor probabilidad de sufrir caídas mortales, mientras que las mujeres sufren más caídas no mortales.
Además, las ancianas y los niños pequeños son especialmente propensos a las caídas y a una mayor gravedad de las lesiones consiguientes. En este sentido, las tasas de mortalidad y los AVAD perdidos son sistemáticamente mayores en los varones en todo el mundo posiblemente porque tienen más comportamientos de riesgo y sus actividades laborales suelen conllevar una mayor peligrosidad.
Otros factores de riesgo son la actividad laboral en las alturas y otras condiciones de trabajo peligrosas; consumo de alcohol y drogas; factores socioeconómicos tales como pobreza, hacinamiento en el hogar, monoparentalidad, y corta edad de la madre; trastornos médicos subyacentes, tales como trastornos neurológicos, cardíacos u otras afecciones discapacitantes; efectos colaterales de los medicamentos, inactividad física y pérdida de equilibrio, sobre todo en las personas mayores; problemas cognitivos, visuales y de movilidad, especialmente entre quienes viven en instituciones tales como las residencias de ancianos o los centros de atención a pacientes crónicos; falta de seguridad del entorno, especialmente en el caso de las personas con problemas de equilibrio o de visión.
ESTRATEGIAS DE PREVENCIÓN
Respecto a las estrategias de prevención, la OMS ha destacado la necesidad de que sean integrales y polifacéticas; den prioridad a la investigación y a las iniciativas de salud pública para definir mejor la carga, explorar los factores de riesgo y utilizar estrategias preventivas eficaces; apoyen políticas que creen entornos más seguros y reduzcan los factores de riesgo; fomenten medidas técnicas que eliminen los factores que posibilitan las caídas; impulsen la formación de los profesionales sanitarios en materia de estrategias preventivas basadas en datos científicos, y promuevan la educación individual y comunitaria para aumentar la concienciación.
Los programas de prevención de las caídas en los ancianos pueden incluir varios componentes para identificar y modificar los riesgos, tales como examen del entorno donde vive la persona para detectar riesgos; o intervenciones clínicas para identificar factores de riesgo, tales como el examen y modificación de la medicación, el tratamiento de la hipotensión, la administración de suplementos de calcio y vitamina D o el tratamiento de los trastornos visuales corregibles.
Es también importante que haya una evaluación del domicilio y modificación del entorno en casos con factores de riesgo conocidos o antecedentes de caídas; prescripción de dispositivos asistenciales apropiados para paliar los problemas físicos y sensoriales; fortalecimiento muscular y ejercicios de equilibrio prescritos por profesionales sanitarios con formación adecuada; programas grupales comunitarios que pueden incorporar componentes como la educación para prevenir las caídas y ejercicios del tipo del 'tai-chi' o de equilibrio dinámico y fortalecimiento muscular; y uso de protectores de la cadera en personas con riesgo de fractura de la cadera en caso de caída.
Finalmente, en los niños, las intervenciones eficaces incluyen programas comunitarios polifacéticos; modificaciones técnicas del mobiliario, de los equipos de las zonas de recreo y de otros productos; y leyes sobre la instalación de protecciones en las ventanas. Otras estrategias preventivas prometedoras son el uso de raíles o barreras de protección, los programas de visitas a domicilio, las campañas educativas públicas masivas y la formación de las personas y las comunidades en materia de atención médica pediátrica aguda en caso de caída.