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Frustración por ¿unas elecciones robadas?

¿Dónde está mi voto?Reuters
Cuando la jornada electoral del viernes llegaba casi a su fin, los sondeos a pie de urna daban "un amplio triunfo" al aspirante independiente pro reformista, Mir Husein Musaví. Pero todo dio un giro de 180 grados cuando, minutos después, la agencia de noticias controlada por el Gobierno iraní daba "una amplia victoria" al presidente Mahmud Ahmadineyad.
Musaví ya había mostrado en las últimas semanas su temor a un fraude electoral. De hecho, había mandado una carta al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, un día antes de la votación. En ella denunciaba la falta de "imparcialidad" en el proceso preelectoral y la "propaganda" utilizada por la campaña del conservador Ahmadineyad.
La alta participación electoral fue un hecho. Rozando el 84 por ciento de participación, parecía que la población pedía una alternativa al sistema tiránico. Pero lo curioso es que ni Musaví, ni el otro candidato reformista, Mehdi Karrubí, han conseguido algo que se daba por hecho. Ni siquiera han ganado en sus provincias de origen, algo que ha comenzado a chirriar a los observadores iraníes. Además, no se han proporcionado datos desglosados del voto por provincias.
Ahora Irán está envuelto en unos enfrentamientos entre los seguidores de Musaví y los que apoyan a Ahmadineyad que se extienden por el país al grito de "muerte al dictador" y "abajo el Gobierno golpista". Unas protestas que comienzan a tener un aroma similar a las que desataron la Revolución Islámica que en 1979 desalojó al último Sha de Persia, Mohamad Reza Palehvi. El candidato presidencial reformista, Mir Husein Musavi, ha presentado formalmente un recurso contra el resultado de las elecciones ante el Consejo de Guardianes, el órgano legislativo más alto de la República Islámica. Ellos deberán hacer oficiales los resultados y demostrar que no ha habido 'fraude'.
Musaví, única alternativa al conservador Ahmadineyad
El liderazgo político iraní sólo ha permitido que un hombre como Mir Husein Musaví, formado en su propio sistema religioso y que no supone ningún peligro para su continuidad, sea la alternativa más clara para el conservador Mahmud Ahmadineyad. Y es que se ha convertido en el candidato de casi todos los enemigos de Ahmadineyad. De los jóvenes frustrados por un futuro sin muchas posibilidades, de las mujeres que reclaman más derechos sociales, y de los reformistas que quieren más libertades y mejores relaciones con la comunidad internacional.
Y es que la reelección de Ahmadineyad puede suponer un obstáculo para las potencias occidentales que querían convencer a Irán de que suspendiera las actividades que sospechan están dirigidas a fabricar bombas.