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"Me sentía como un toxicómano que necesita su dosis"

Enrique Leal Díaz tenía 30 años cuando fue detenido. Unas horas antes, presuntamente, había provocado un incendio en Pelayos de la Presa (Madrid). Un bombero que acudió a sofocar las llamas pudo verle saliendo de la zona en un Ford Focus azul grisacéo. También una mujer que le denunció e identificó ante la Guardia Civil.

Precisamente el imputado estaba destinado en aquella época en la Brigada de Seguridad Ciudadana de Navas del Rey, otra localidad Madrileña cercana en la que también se habían registrado varios incendios y conatos los días previos . Allí también residía Enrique, que terminó confesando ser la mano que encendía el mechero y originaba estos fuegos y que se sentía "como un toxicómano que necesita su dosis".

Hoy Enrique Leal se ha sentado en el banquillo de los acusados. Permanece en prisión preventiva desde agosto de 2013 acusado de un delito de incendio con peligro para la vida o integridad física de las personas, nueve delitos de incendio forestal cualificado, tres delitos de incendio forestal y siete faltas de daños. El Ministerio Público solicita para él una pena conjunta de 57 años y seis meses de prisión, además de las correspondientes multas por cada uno de los delitos atribuidos a su persona y las indemnizaciones a los propietarios de las parcelas afectadas que así lo han reclamado.

En su declaración el acusado ha reconocido que entre el 17 de julio de 2013 y el 1 de agosto de 2013 provocó de forma deliberada y voluntaria veinte incendios en parajes naturales en diferentes términos municipales de la región: Navas del Rey, Chapinería, Colmenar del Arroyo, Carranque, Villamanta y Villanueva de Perales. Además ha repetido lo que les confesó a sus compañeros en el cuartel tras ser detenido: que no podía evitarlo, que se quedaba mirando las llamas y después se arrepentía y se marchaba y que no era consciente del daño que hacía.

Su abogado ha señalado que Enrique padecía en el momento de cometerse los hechos  un trastorno complejo de la personalidad con rasgos mixto. Eso le llevaba  a actuar de forma impulsiva. También ha señalado que su cliente debía medicarse pero dejó de tomar por su propia cuenta los antidepresivos que le habían sido prescritos.