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Condenado a 94 años de cárcel por el asesinato de dos policías

La condena impone al asesino una pena de diez años superior a la que dictó la Audiencia de Barcelona en 2008, en un fallo que el Tribunal Supremo anuló posteriormente por considerar que los hechos debían ser juzgados por un tribunal popular.
La sentencia condena a Pedro Jiménez a penas máximas en casi todos los delitos tras ser considerado culpable. Se le acusa de dos asesinatos con ensañamiento y alevosía, agresión sexual, allanamiento de morada, profanación de cadáver, incendio, robo con violencia y quebrantamiento de condena.
Por todos estos delitos, la Audiencia establece que el procesado cumpla de forma efectiva en prisión los 40 años y que los beneficios penitenciarios, permisos de salida o clasificación al tercer grado se apliquen a la totalidad de las penas impuestas.
Además, fija una indemnización de 900.000 euros en total para los familiares de las víctimas, que fueron brutalmente asesinadas en su piso del barrio de Bellvitge de L'Hospitalet de Llobregat en octubre de 2004, mientras Pedro Jiménez disfrutaba de un permiso penitenciario de tres días.
Las víctimas, dos policías de Hospitalet
El doble crimen ocurrió la mañana del 5 de octubre de 2004, cuando Pedro Jiménez abordó a una de las policías, Silvia N., en la portería del edificio en que residían las agentes y, tras lograr entrar en la vivienda de las víctimas, las ató de pies y manos, las amordazó y violó a María Aurora R.G.
Posteriormente el acusado asesinó a cuchilladas a ambas chicas, profanó el cadáver de Silvia N. y abandonó la casa, llevándose algunas de sus pertenencias y provocando un incendio en el piso.
De acuerdo con el veredicto del jurado, la Audiencia recalca el ensañamiento con que Pedro Jiménez cometió los crímenes y que, según la sentencia, quedó reflejado en la "desgarradora expresión facial de sufrimiento" de los cadáveres.
El magistrado José Maria Planchat ha destacado que su personalidad, "en especial su comportamiento antisocial que hace tabla rasa de los principios imprescindibles para una ordenada convivencia", no afectan para discernir el bien del mal.