
La señorita Darbus, como profesora de interpretación que es, se considera la gran sacerdotisa del templo que es el mundo del teatro. Siente auténtica alergia ante los teléfonos móviles y ante todo tipo de actividades primitivas, como los deportes. Suele tratar bien a los cantantes con talento, pero nunca baja la guardia ante su eterno enemigo, en entrenador Bolton.