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El próximo miércoles 3 de febrero en 'Mejor llama a Pilar': "Mi suegra no es mala, es peor"

¿Habías escuchado alguna vez la frase 'mi madre es mi madre, y a ti te encontré en la calle?' Qué frase más poco acertada, ¿verdad? Pues a día de hoy, este es un conflicto muy común en las parejas. Es cierto, que cuando llegamos a una relación no solemos ir solos y cargamos a nuestras espaldas una mochila llena de cosas. Experiencias pasadas, prejuicios, manías, costumbres y una piedra muy pesada: La familia. Cada persona tiene una manera diferente de relacionarse con su familia de origen y, dicha familia, conforma parte importante de la personalidad de cada uno.

Desde pequeñitos, nuestros cerebros son como un ordenador en blanco que va almacenando información. Y, ¿cuál es la principal fuente de alimentación? La familia es el ámbito mas amplio en el que nos movemos y el aprendizaje vicario (por observación) es el más potente de todos. Por lo tanto, parte de las personas que somos de adultos lleva mucho de esa familia en la que hemos crecido desde que nacimos. Imaginaos entonces las múltiples diferencias con las que nos encontramos al llegar a los brazos de otra persona. Mis variables de personalidad, mis experiencias, sus variables, sus experiencias, mi familia, tu familia, tú y yo... así que, ¡conflicto servido! Cometemos varios errores con respecto a este tema que pueden ir minando la relación sin apenas darnos cuenta hasta que una explosión abre la grieta irreparable.

El primer error es no desprendernos de la familia origen. No digo que nos desentendamos de aquellos que nos han acompañado casi toda nuestra vida, pero somos seres de rutinas y de costumbres y es necesario hacer un trabajo mental para entender que, a partir de ahora, esos hábitos deben cambiar y que empiezas a convivir con otra persona que, no sólo no ha crecido en tu entorno familiar, sino que probablemente venga de otro muy diferente. Acepta que se abre una nueva familia que consta de vosotros dos y lo que pueda venir, pero es un camino completamente nuevo, así que construye de manera paralela.

Un segundo error es intentar que nuestra pareja quiera a nuestra familia de la misma manera que la queremos nosotros. Esa persona te quiere a ti y puedes pedirle respeto, cariño, confianza hacia ti, por supuesto, respeto hacia tu familia, pero puede no sentirse identificado con ellos, y eso no es un desplante hacia ti. Tienes que dar libertad a tu pareja para que él/ella se vincule o no. No se puede imponer a nadie que se encariñe o entienda algo que forma parte de tu vida antes de comenzar el camino los dos juntos.

El tercer error es pedirle explicaciones a nuestra pareja por conductas que emiten personas de su familia. Él /ella no tiene la culpa ni es responsable de las actuaciones de otras personas. Reprochar a tu pareja errores de otras personas solo genera un caldo de cultivo de malestar y de comunicación negativa que irá intoxicando la relación. Cada uno está en su derecho de no aceptar al miembro de la familia de otro, pero no es sano reprochar nada y mucho menos verbalizar dicha animadversión constantemente. A ti puede no caerte bien, pero es un miembro de su familia y aunque pudieras tener razón en dicha réplica, a él/ella le duele.
mejor llama a pilar

¿Qué podemos hacer entonces para lograr que este tema no se convierta en el principal elemento tóxico de nuestra relación?:

Es bueno establecer un criterio en una conversación tranquila. Es decir, en vuestro nuevo hogar van a existir una serie de 'normas' y costumbres que establecerán una especia de 'contrato de convivencia'. Dicha charla debéis tenerla solo vosotros, sin dejaros influenciar por las familias. Hasta qué hora se permiten las visitas en casa, si tienen llave o no de nuestras casa, las llamadas, las reuniones... Dichos 'pactos' debéis comunicárselo a vuestras familias de manera firme. No les pedís opinión, les informáis de que a partir de ahora ya no sois solo vosotros y deben entender y respetar que existe otra persona en vuestras vidas que también manda.

Cuando se den ese tipo de 'manías' hacia el miembro de la familia de nuestra pareja no permitáis que esto se alimente. Si estáis constantemente hablando, o evaluando las acciones de dicha persona, esto va cobrando importancia en vuestra cabeza y le indicáis a vuestro cerebros que esa información debe tenerla accesible. De este modo, si veis a dicho miembro 15 veces al año, la estáis tratando 365 días. Intentad evitarla lo que podías con el máximo respeto y no hablar de ella más de lo necesario.

Por último, pensar en vuestra pareja. No le hagáis daño innecesario hablando mal de sus seres queridos ni le exijáis que cambien. No os lo toméis como algo personal. Pensad en el amor que os une y que estáis en el mismo barco. Remad en el mismo sentido y no olvidéis que es la persona que has decidido libremente que te acompañe el resto de tu vida. ¿No es motivo suficiente como para no permitir que elementos externos contaminen dicha aventura? Pilar Cebrián.