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Velocísimo encierro de Núñez del Cuvillo que pone fin a las fiestas de San Fermín

La crónica de Carlos Bernabé
Las fiestas de San Fermín llegan a su recta final y con ella se ha celebrado el último de los encierros matinales que han dejado tras de si varios heridos por asta de toro y el corazón encogido de los pamploneses tras la muerte de un corredor en el enciero del 10 de julio.
Los toros de Núñez del Cuvillo aguardaban en los corrales de Santo Domingo al lanzamiento del cohete anunciador de la última carrera sanferminera. Los mozos esperaban y estudiaban la carrera ante los astados. A las ocho en punto sonó el cohete y toros y mansos enfilaron la cuesta a una velocidad endiablada. Los cabestros precedían a los toros que, a la altura de la hornacina, tomaron la calle por la parte derecha. En estos primeros metros los astados miraban hacia ambos lados de la calle pero sin lanzar derrotes. Carrera rápidas, intensas, llenas de exposición y, de nuevo, carreras en blanco y rojo por parte de "los de casa". Ya en los últimos metros uno de los toros de Núñez del Cuvillo, de nombre Encumbrado, se ha distanciado de sus hermanos y realizado la carerra en solitario durante más de 700 metros.
El paso de los toros por la Plaza del Ayuntamiento ha vuelto a realizarse con claridad y limpieza, Muy pocos corredores en este tramo en una estampa atípica de los últimos años. El toro que abría manada ha atravesado la ligera curva que precede a la calle Mercaderes por la parte central sin ocasionar problemas. El resto de la manada muy agrupada en este tramo.
Ya en la curva de Mercaderes con Estafeta los astados han golpeado a varios jóvenes que, alcanzados por velocidad, han sido pisoteados por el grueso de la manada. Otro joven que se había parado en el vallado ciego se ha visto sorprendido por uno de los toros y también ha caído al adoquinado.
A lo largo de la calle Estafeta Encumbrado ha propiciado estampas preciosas a un galope muy veloz al que muy pocos corredores podían seguir. Ante tal despliegue de velocidad, propia de un toro atleta, uno de los mozos habituales ha sido volteado por el astado que le ha levantado del suelo sin ocasionarle cornada. Pese al incidente la nobleza y fuerza de Encumbrado han hecho que continuara su carrera sin detenerse.
El resto de sus hermanos han realizado este trayecto muy hermanados y con tres bueyes en cabeza de grupo.
Ya en el tramo final de la carrera imágenes vistosas por parte de mozos habituales y algunas apreturas en la entrada de acceso a la plaza de toros. En este punto se ha formado un pequeño montón de cuatro o cinco jóvenes sobre los que ha caído uno de los astados negros de Núñez del Cuvillo. Tras unos instantes de incertidumbre en los que el astado no podía incorporarse las reses han tomado el túnel de los corrales.
Un año más las emblemáticas fiestas de San Fermín nos han brindado la cara y la cruz de un acto en el que jóvenes anónimos arriesgan su vida para sentir, vivir y compartir la emoción de una carrera frenética en la que sólo el corazón y no la razón puede dar explicación de este impulso de correr delante de un toro.
Viva San Fermín. Ya falta menos.