Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Típico encierro de Dolores Aguirre sin heridos de consideración

La crónica de Carlos Bernabé
Como cada mañana sonó el cohete que daba inicio al quinto encierro de San Fermín. Los toros de la ganadería de Dolores Aguirre salieron prestos de los corrales de Santo Domingo precedidos de los cabestros. En la primera fase de esta calle, a la altura de la hornacina del santo los astados ocuparon la parte derecha del trazado llegando a rozar a algunos corredores que se apostaban en ese punto. Éste inicio podía marcar el ritmo de la carrera debido a las miradas de los astados a los corredores en esa parte derecha. Veloces e intensas carreras en esta primera parte. Cinco toros junto con los mansos atravesaron la Plaza del Ayuntamiento mientras que el sexto de Dolores Aguirre realizaba el trayecto en solitario. En la entrada de la plaza Consistorial varios mozos han sido alcanzados por velocidad y golpeados por uno de los bureles. La entrada en la calle Mercaderes tuvo lugar de manera comprometida cuando el grueso de la manada tomó la parte derecha de la calle arrollando a varios jóvenes que posteriormente fueron pisoteados por los astados.
Al igual que en días anteriores los toros no resbalaron en la curva de Mercaderes e iniciaron el primer tramo de la calle Estafeta por la parte izquierda de la calzada para posteriormente ocupar las posiciones centrales. Mozos habituales de este tramo pudieron realizar excelentes carreras llenas de plasticidad, temple y buen hacer. A punta de periódico los mozos condujeron a los toros de Dolores Aguirre hasta el tramo final de Telefónica.
Llegado a este punto las reses fueron accediendo a las dependencias de la plaza en pequeños grupos y distanciados unos de otros. La aglomeración quedó patente por las numerosas muestras de algunos inconscientes que se avalanzaban sobre los toros provocando situaciones de peligro. El último astado del encierro, un toro negro burraco, se detuvo en la bajada hacia el callejón y propinó un espectacular golpe a un mozo que salía del vallado izquierdo sin intención de correr. Éste jóven, en una muestra del desconocimiento de la carrera, tartó de colocarse junto al toro en paralelo lo que provocó su posterior cogida.
Los bureles accedieron al coso pamplonés sin ocasionar momentos de excesivo peligro para corredores, pastores y dobladores. En un tiempo de dos cincenta y cuatro los toros de Dolores Aguirre recorrieron los 850 metros que separan los corrales de Santo Domingo de la Plaza de toros.