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Rápido y peligroso encierro de los toros de El Ventorrillo

La crónica de Carlos Bernabé
Los toros de la ganadería toledana de "El Ventorrillo" pisaban las calles de Pamplona por segunda vez en su corta historia.
En una mañana cálida las reses salieron desde el corral de Santo Domingo muy agrupadas con los bueyes en cabeza de carrera. En esos primeros metros las carreras se resolvieron sin complicaciones. Uno de los astados, negro burraco, resvaló pero sin llegar a caer al suelo. Tres bueyes abrían la manada seguidos muy de cerca por los toros y cerrando el grupo los restantes cabestros que avanzaban a un ritmo muy lento.
A su paso por la plaza del ayuntamiento se produjo uno de los percances más relevantes del día, cuando un corredor cayó al suelo junto a otro mozo y se golpeó brutalmente la cabeza contra el adoquinado. El herido fue trasladado inmediatamente por los efectivos sanitarios con un traumatismo craneal.
Tanto en el tramo de Mercaderes como en la calle que da inicio a la calle Estafeta los toros pasaron a gran velocidad, permitiendo sólo a los más privilegiados aguantar el ritmo de carrera. En la confluencia de la curva un mozo, impecablemente vestido de pamplonica, realizó una espectacular carrera llena de riesgo por la parte exterior de la calzada. A punto estuvo de ser alcanzado tras tropezar con un joven que se encontraba en ese punto sin ninguna intención de correr y al que los toros rozaron su cara con los pitones.
El inicio de Estafeta estuvo marcado por la velocidad y fuerza que imprimieron los astados. A lo largo de esta legendaria calle la manada se fue estirando ligeramente en grupos de dos, pero sin romper la manada. Los mozos tuvieron pocas oportunidades de realizar carreras largas junto a los toros por la celeridad del grupo y sólo los más experimentados pudieron aguantar el ritmo.
En la parte final de esta calle se produjo el momento más conflictivo del día, cuando varios astados cayeron y tropezaron sobre varios mozos. En el amontonamiento varios corredores fueron trompicados, destacando un mozo de blanco que fue prendido por uno de los toros del Ventorrillo cuando trataba de incorporarse. A pesar de la espectacularidad el corredor salió ileso del trance , y gracias a su habilidad para agarrarse a los pitones del astado que se encontró de frente.
Ya en el tramo de telefónica se formó un pequeño montón en la parte izquierda sobre el que uno de los bueyes tuvo que saltar golpenado a varios corredores.
La entrada en el callejón tuvo lugar con cuenta gotas pero sin ofrecer momentos de peligro.
Un día más el capotillo de San Fermín ha estado presto a los quites de los mozos en una carrera rápida, de dos minutos y veinte segundos, y en la que el primer burel que ha pisado la arena lo ha hecho en menos de dos minutos.
Ya aguardan en los corrales los veloces toros de Jandilla que correrán mañana. La suerte está echada. Los corredores calientan motores.