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Historia del Slamball

El pasado verano (2003), la cadena de televisión por cable TNN impulsó en Estados Unidos la primera Liga de "slamball", una mezcla de baloncesto y fútbol americano que causó sensación desde su primer día en antena. Y es que el juego tiene todos los ingredientes necesarios para enganchar a la audiencia: rapidez, espectacularidad, acción constante y mucho contacto.
Mason Gordon, un californiano de 28 años, fue su creador. Soñaba constantemente en violar las reglas de la gravedad jugando a baloncesto. Se imaginaba a un jugador saltando más de dos metros en vertical para machacar el aro sin compasión, al tiempo que un defensa intentaba taponar su acción con un placaje a siete pies del suelo. Pero ¿cómo hacer realidad ese sueño teniendo en cuenta los límites físicos del cuerpo humano?
Los colchones elásticos como sustitutos del parquet fueron la solución. Decidido a hacer popular el "slamball", Gordon contactó con Mike Tollin, director de Tollin/Robbins, una productora televisiva en la que había trabajado años atrás. Le costó seis meses convencer a su antiguo jefe, pero al final se salió con la suya y el proyecto de hacer del "slamball" una realidad tiró adelante. Aunque nadie había oído hablar de ese deporte y no existía ninguna seguridad de obtener buenas audiencias, Gordon y Tollin confiaron en que, desde el primer momento, el nuevo deporte engancharía a la gente. Luego, ésta demandaría más partidos, y entonces se podría crear una Liga con un funcionamiento y un seguimiento televisivo garantizados.
Fruto de ese convencimiento, se construyó en Los Ángeles la primera pista de "slamball". Su principal particularidad saltaba a la vista. Los fondos de uno y otro lado de la cancha estaban presididos por cuatro colchones elásticos de dos por cuatro metros donde los jugadores, tras saltar sobre ellos, salían disparados a más de dos metros de altura para machacar la canasta bestialmente o, en caso de estar defendiendo, para taponar cualquier penetración del rival. La cancha, de 28 metros de largo por 16 de ancho, quedaba enjaulada por unas paredes laterales de plexiglás. Las canastas, situadas a la altura habitual (3,05 metros), tenían incluso los aros acolchados para evitar que los jugadores se hicieran daño. Actuaban cuatro hombres por equipo, y los mates valían tres puntos. Aunque había reglas, los contactos eran aterradores. Protegidos con coderas, rodilleras y casco, los choques entre jugadores eran tan espectaculares como peligrosos para disfrute de un público que sigue viendo en el "slamball" lo más parecido a un videojuego de carne y hueso.
El fenómeno, entonces aún en fase experimental, empezó a hacerse famoso en la ciudad californiana. Gordon y Tollin contactaron con Albie Hecht, presidente de la cadena TNN, y éste quedó embriagado por una disciplina atlética que conectaba perfectamente con los gustos de la audiencia estadounidense. Compró la idea, y tras buscar jugadores y técnicos por todo el país, se formaron seis equipos (en la campaña 2003 se han añadido dos más). Había nacido el "slamball".