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Un nuevo día

Aliena se dirigió al cobertizo que Jack había construido para trabajar en sus ratos libres. Se acercó sigilosamente, y se apoyó en el marco de la puerta. Allí estaba él, tallando una tabla de madera, tan absorto, que no se percató de su presencia. Aliena observó la talla: era una virgen mirando al cielo con una dulce sonrisa. Se estremeció, siempre le ocurría lo mismo cuando miraba las tallas de Jack, eran tan reales, tan expresivas, que parecía que de un momento a otro empezarían a hablar. Jack pasaba lentamente sus dedos sobre la madera, asegurándose de que no quedaba ninguna imperfección. Esos dedos que tantas veces habían recorrido su propio cuerpo. Aliena sonrió y se acercó un poco más. Se dio cuenta de que la virgen sujetaba su abultado vientre con las dos manos; y volvió a sonreir. Jack por fin se dio cuenta de que estaba allí. Aliena cogió esas trabajadoras manos que tanto quería y las colocó sobre su propio vientre. Jack entendió el gesto y la abrazó. Volvía a estar embarazada.