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La flor de Kingsbridge

Sally se encontraba sentada frente al muro este de la catedral, mirando hacia un punto fijo del mismo, hacia el punto más alto, justo en el centro. Sí, ahí estaría. Su gran aportación al mundo. Su contribución a la catedral. La vidriera más hermosa que nadie jamás hubiera visto nunca. Un hermoso círculo coloreado que bañaría la majestuosa construcción de su padre de color. Una ventana al cielo. Lo veía tan claro que sonrió. Sally cogió su pizarra y comenzó a dibujar en la superficie una escena bíblica, arañándola con una piedra blanca. Tras unos minutos, torció el gesto, escéptica ante el diseño. Era bonito, pero tenía que ser perfecto. Volvió a mirar fijamente el muro, de forma obstinada, preguntándole qué quería que hiciera con él. Y la piedra se lo dijo, habló con ella, como siempre hacía. "Hazme una flor"susurraba. Una hermosa flor de cristal a través de la cual Dios observaría siempre a los habitantes de Kingsbridge. No pudo evitar sonreír de nuevo.