Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

El ‘Hermano Mayor’ acompaña a Daniel a una reunión de alcohólicos anónimos

Padre de un hijo de seis años al que no le permiten visitar, Daniel se refugió en el alcohol tras el fallecimiento de su padre. La relación con su madre y su hermana es insostenible.También es conflictivo fuera de casa, donde se pelea con frecuencia.

Obsesivo, demoledor. Salvaje. Así es Daniel, un chico de 22 años que tiene a su madre y a su hermana atemorizadas. No quiere reconocer su problema con el alcohol y es capaz de destrozar su casa por un botellín de cerveza.

Daniel empezó a beber de forma compulsiva desde la muerte de su padre, hace 4 años. “Cuando bebo me siento poderoso”, dice. Además, vive obsesionado con su imagen y consume hormonas de crecimiento y anabolizantes, una mezcla que está destrozando su hígado y que convierte su cuerpo en una bomba.
El alcohol ha cambiado la vida de Daniel y le ha separado de su familia. Pasa los días encerrado en su habitación conectado a internet y sólo sale para hacer botellones con sus amigos. Y en uno de ellos se presenta el Hermano Mayor: "Menuda fiesta tienes montada, ¿no?".

Después de ser testigo de la agresividad de Daniel, Pedro cree que lo mejor  para garantizar la seguridad de su hermana y su madre, es apartarlo de ellas y  llevarlo a un hotel. Para superar sus problemas con el alcohol, Daniel tendrá que hacer la misma rutina que siguió Pedro: actividades diarias y tomar una pastilla especial. Aunque antes deberá reconocer que tiene un problema.
En casa, la única que planta cara a Daniel es su hermana. Sonia Cervantes, la psicóloga del programa cree que la madre de Daniel debe dar un paso adelante y consigue que ella se dé cuenta de su debilidad en un ejercicio cargado de simbolismo.

Con el paso de los días y la terapia adecuada, Daniel baja la guardia. Al verse a sí mismo agrediendo y faltando al respeto a su madre y su hermana en una proyección comienza a llorar: “No me gustaría que mi hijo hiciera eso conmigo”
Al final, Daniel pide a Pedro que reúna a toda su familia, incluido su hermano (que dejó la casa de su madre agotado por la situación) y uno a uno les pide perdón.